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Nuevas tecnologías para recuperar terreno

Se estima que hay en el país 8 millones de hectáreas con suelos salinos que pueden ser incorporados a la ganadería.

19 de marzo de 2010 a las 12:00 a. m.
Nuevas tecnologías para recuperar terreno

La Carlota. De acuerdo con información que manejan los especialistas, entre las provincias de Buenos Aires, sur de Córdoba y Santa Fe, este de La Pampa y una franja de San Luis, hay alrededor de ocho millones de hectáreas con suelos bajos salinos. Más allá de su limitantes, se trata de una superficie en la que se puede mejorar en forma significativa la productividad de la ganadería, de la mano de los procesos tecnológicos disponibles. "Las inclusión de pasturas megatérmicas en zonas deprimidas es una alternativa que permite habilitar superficie muy pocos productivas en áreas ganaderas con alta oferta forrajera", comentó Mariano Ferreyra, asesor técnico del semillero Agroempresa Argentina, con sede en Jesús María. Además de la tarea de investigación y extensión que realizan las empresas proveedoras de semilla, desde el Inta y las Universidades también se aportan experiencias. La respuesta de las megatérmicas a la fertilización es un nicho que en el que también se está avanzando. La incorporación de enmiendas calcáreas, por ejemplo, a través del suministro de 200 kilos de yeso granulado, no sólo brinda una mayor disponibilidad de pasto sino que permite mejorar la calidad de los suelos. "Por su característica de degradación gradual, la enmienda entra a formar parte del suelo en forma paulatina. Si bien son procesos lentos, ayudan a mejorar la clase de suelos", sostuvo Ferreyra. Experiencias  En la zona de Canals, una grama rhodes fertilizada con 200 kilos de urea está ofreciendo buenos resultados. Sembrada en diciembre y con un corte mecánico en los primeros días de marzo reportó entre 10 y 11 rollos por hectárea. Luego de la cosecha, el aporte del nitrógeno ofrece por estos días como respuesta un rebrote con un stand de plantas de 70 centímetros de altura. En Chovet, provincia de Santa Fe, hay experiencias de intersiembra de grama con leguminosas de invierno (vicia y melilotus), un esquema que permite mantener la oferta de forraje a lo largo del todo el año. En esa zona santafesina, el manejo productivo a través de pasturas implantadas ha reportado aumentos en la cantidad de  materia seca y de carga animal por hectárea. A tal punto es el desarrollo alcanzado por la implantación de pasturas en la región, que el año pasado Melincué fue sede del Congreso Nacional de Pasturas Subtropicales para zonas templadas, organizado por la Asociación de Productores de Carnes Santafesinas (Aprocarsa). A la hora de mantener la pastura, sus cuidados son mínimos. En la zona de Jesús María hay lotes con 20 años de edad y todavía en producción. Lo aconsejable es comenzar a monitorear su estado a partir del tercer año. Los síntomas de una necesidad de renovación vienen con la falta de actividad biológica en la planta por la escasez de oxígeno. En manejos a campo, la pastura resiste muy bien los pastoreos intensivos, con la precaución de dejar un tallo con una altura de 15 centímetros para garantizar el rebrote. Es porque las yemas del crecimiento se encuentran a esa altura.

Una sembradora adaptada, de fabricación "local", se encargó de la tarea de implantación de la grama rhodes. El equipo, diseñado por Ricardo Turri (encargado del establecimiento), está compuesto por un escardillo que marcha al frente, luego un tacho sembrador que arroja semillas y cierra el tren de marcha los rolos que van acomodando la semilla. La densidad es de alrededor de 10 kilos por hectárea. "Tuvimos algunos inconvenientes con una lluvia que nos cayó al momento de la siembra y eso nos obligó a hacer una resiembra en uno de los lotes. Pero en general, la respuesta ha sido satisfactoria", admitió Turri. A los fines de ir diagramando un futuro sistema ganadero en el campo, cada lote con grama es cercado con un boyero de dos hilos.

Apuesta. Cada hectárea que las pasturas implantadas le ganan a la natural tiene un costo de alrededor de 180 dólares (entre 30 y 35 dólares por hectárea en semilla y 150 dólares en tratamiento). El buen momento que atraviesan los precios ganaderos invita a la apuesta. "Por ahora es todo inversión, en algún momento se comenzará a recuperar", confió Turri. La firma propietaria de Los Robles también está desarrollando un modelo similar en otro establecimiento ubicado en la zona de Rufino (Santa Fe). En Pichimahuida conviven la grama y el panicum coloratum que se corta en forma mecánica. Aquí, el grado de avance es mayor a tal punto que el próximo paso es la construcción de aguadas para disponer de agua. "Son campos grandes y sin napas, lo que obliga a invertir en aguadas", comentó Mariano Ferreyra, del semillero Agroempresa Argentina, de Jesús María. Con la disponibilidad forrajera ya asegurada, el ciclo comienza a cerrarse con la provisión de agua, que se trae de otros sectores del campo, y la llegada finalmente de los animales.