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El trigo, rehén de la misma historia

El Gobierno, al generar incertidumbre, provoca distorsiones en el mercado que al productor le cuesta mucho asimilar. Pablo Andreani.

07 de enero de 2011 a las 12:02 a. m.
Pablo Andreani (Analista del mercado de granos)
El trigo, rehén de la misma historia

El Gobierno debería liberar los registros de exportación de trigo "ahora mismo", nada justifica que continúe le intervención actual del mercado. Comenzamos el año con los mismos problemas para el sector que padecimos durante 2010. Los mercados de trigo y de maíz continúan virtualmente intervenidos, al no otorgarse los permisos de exportación (ROE verdes) en forma lógica y dentro de los tiempos que la biología de esos cultivos requieren. El patrón del trigo indica que durante noviembre y diciembre se realizan las tareas de cosecha y que usualmente hasta febrero concentra el mayor volumen de embarques, pues además coincide con el mayor volumen de oferta disponible ante la necesidad de los productores de vender para cubrir compromisos previamente asumidos. Es en estos meses cuando el productor necesita vender entre 30 y 40 por ciento. Con una cosecha estimada de 15 millones de toneladas o tal vez mayor, en base a los rindes realmente cosechados, estamos hablando de una oferta potencial de 4,5 millones a 6 millones de toneladas. En las actuales condiciones es un volumen muy difícil de comercializar, pues los dos principales compradores tienen una distinta realidad o problemática. Los molinos no cuentan con la suficiente capacidad financiera ni de almacenaje como para comprar más allá de tres meses de su volumen de procesamiento futuro (1,5 millón de toneladas). Y en el caso de los exportadores, están limitados ya que, al no disponer de ROE, no pueden cerrar su precio de venta y corren un alto riesgo. Supongamos que un exportador compra trigo a precio de paridad teórica FAS, pero el Gobierno no le otorga los ROE para que pueda exportar. Si el mercado llegara a bajar, este exportador debería asumir la pérdida al no estar registrado, y además corre el riesgo adicional del "factor Moreno" (que se decida no otorgar más ROE). Este es el motivo central por el cual los exportadores no pueden incrementar su posición long (comprada), pues no tienen certeza de lo que pueda ocurrir en el futuro. Además, para poder obtener sus ROE deben garantizar que el trigo fue comprado al precio de paridad teórica FAS. En concreto, hoy el Gobierno no ofrece ninguna garantía ni tampoco le asegura al sector comercial reglas de juego claras y de real cumplimiento. Queda claro, entonces, que la intervención, al no otorgar los permisos de exportación dentro de los tiempos del mercado, tira por tierra toda la historia y los usos y costumbres propios de cada mercado.En el caso del trigo, es considerado un producto clave para la evolución económica de los productores, pues provee de oxígeno financiero hasta el ingreso de la cosecha de los cultivos de verano. El argumento oficial, que es la defensa de la mesa de los argentinos y asegurar el abastecimiento del mercado de consumo interno, se cae como un castillo de naipes, por dos motivos. En primer lugar, tanto los exportadores como los molinos dieron garantía al Secretario de Comercio Interior, en el hipotético caso que se liberen los registros de exportación, que no habrá desabastecimiento. En segundo lugar, analizando la fuerte suba registrada en el precio del pan en estos últimos años, vemos que la misma no se debió al aumento del valor del trigo, sino al alza del costo interno que debieron asumir los molinos (salarios, cargas sociales, impuestos, energía, transporte, empaque y costo de distribución). En consecuencia, los dos temas que esgrime el Gobierno para seguir interviniendo en el mercado –pan barato y en buena cantidad para la mesa de los argentinos– no han funcionado bajo la órbita de la intervención. Podemos concluir que, en el hipotético caso de que el Gobierno decidiera liberar las exportaciones de trigo, y debería hacerlo en forma inmediata, pues con una cosecha superior a los 15 millones de toneladas no existe el mínimo riesgo de desabastecimiento, el mercado no acusaría ningún impacto negativo y es muy probable que el productor tome una actitud más cautelosa.