Europa consolida el interés por la soja
Sobre un volumen total exportado de 28 millones de toneladas de harina de soja, casi 40 por ciento tiene como destino a la Unión Europea. Pablo Adreani.
La importancia de la Unión Europea (UE) como principal bloque importador de harina de soja argentina se sustenta en la demanda de tres países: Holanda, Italia y España. Los envíos argentino de harina de soja a Europa llegan a 10,5 millones de toneladas, casi 40 por ciento del total de las exportaciones de este subproducto llegan a 28 millones de toneladas. Del total de exportaciones a Europa, Holanda, Italia y España importan por un total de 7,3 millones de toneladas, 70 por ciento de las exportaciones a la UE. Holanda es el principal importador con un volumen de 3,3 millones de toneladas, seguido por Italia con 2,3 millones y España con 1,8 millón. En el caso de España, esta semana he tenido la oportunidad de visitar Barcelona y de reunirme con los principales consumidores de harina de soja de la península: la Asociación Catalana de Fabricantes de Piensos (alimentos balanceados para ración animal). La principal actividad de los miembros de la Asociación es la cría de ganado porcino. El 80 por ciento de los socios se dedica a esta actividad mientras que el resto se divide entre la producción avícola y de ganado vacuno. La región de Cataluña concentra 35 por ciento de la producción porcina de España y son los principales exportadores de jamones del país. La actividad está comenzando a integrarse buscando participar en toda la cadena, y ya se puede percibir el ingreso de la industria frigorífica en la fabricación de balanceados y su posterior consumo en las granjas porcinas. Preocupados por su dependencia de la soja y harina de soja importada, les trasmitimos que el principal país que ha ganado participación en el crecimiento de la demanda mundial de harina de soja es la Argentina. En efecto, desde 1996 hasta la actualidad, la demanda mundial de harina de soja, vía comercio, creció 26,7 millones de toneladas, de los cuales la Argentina ha incrementado sus exportaciones en 21,6 millones; es decir que nuestro país ha capturado el 81 por ciento del crecimiento de la demanda global. Esto es así porque la industria aceitera argentina es la más competitiva del mundo en procesamiento de soja, y su posterior exportación de harina y aceite. Cataluña es hoy el principal clúster alimenticio de España, y sus exportaciones han vuelto a los niveles anteriores a la crisis, por un total de 26 mil millones e euros. Representa 26 por ciento de las exportaciones totales de España. La madurez del mercado Europeo, sumando a las sucesivas crisis que se han producido tanto en los Estados Unidos como dentro de la Unión Europea han impulsado a los exportadores catalanes a buscar nuevos mercados para sus productos. Si bien la UE es hoy el principal consumidor de productos catalanes, con compras valoradas 15.600 millones de euros, los verdaderos impulsores del crecimiento han sido Asia y América latina, con incrementos de 32 y 30 por ciento respectivamente. A pesar de todo, la competitividad de los productos producidos en Cataluña, en el caso de las producciones porcinas y avícolas, se ve realmente limitada y comprometida por las medidas que exige la Unión Europea, respecto del bienestar animal y las inversiones necesarias para poder cumplir con estas normativas. En este sentido hay una gran oportunidad para la Argentina de poder aumentar su participación en los mercados de exportación, tanto de carne porcina como carne avícola.No podremos competir con los Catalanes en producción y exportación de jamones, pero si podemos ser muy competitivos en la exportación de carne porcina y aviar. Y en este sentido nuestra principal ventaja competitiva pasa por el menor costo de las raciones de alimentos balanceados, un clima más benigno para producir a campo y en estabulado, lo que podría llegar a compensar los mayores costos de exportación; principalmente los fletes marítimos a los principales destinos que demandan dichos productos, China, India, África y Medio Oriente. La Argentina debe preparase, a pesar de la actual coyuntura que le toca vivir, para ser uno de los principales países exportadores de alimentos del mundo. Ya sabemos producir muy bien, en forma eficiente y competitiva, ahora falta que demos el segundo gran paso que es dar mayor valor agregado a nuestros productos primarios.

