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Cultura

¿Cómo construye su narrativa Javier Milei? La mirada de especialistas en análisis de discurso

Confrontativo y populista, el discurso del presidente argentino apuesta a un mensaje intransigente. El estilo es exitoso y disruptivo. Radical, emocional, agresivo y antisistema.

17 de febrero de 2024, 12:07
¿Cómo construye su narrativa Javier Milei? La mirada de especialistas en análisis de discurso
Javier Milei (ilustración de Eric Zampieri)

Con mensajes crispados y sin filtros, el presidente Javier Milei se hace oír desde que irrumpió con fuerza en la escena política. Con su grito de guerra (”Viva la libertad, carajo”) y un discurso agresivo, confrontativo y populista, sacudió el escenario y convenció a más de la mitad de los argentinos de que había que romper con todo.

El economista libertario antipolítica se muestra con una verba incontrolable, capaz de descalificar, avasallar y estigmatizar. Le dice a un presidente “comunista y asesino”; al Papa, “representante del maligno en la Tierra” (aunque luego se disculpó y en su reciente visita al pontífice aseguró que se hizo replanteos); a su actual ministra de Seguridad la calificó en campaña de “tiradora de bombas en jardines de infantes” y llamó “coimeros y extorsionadores” a los diputados dialoguistas a quienes debería haber seducido para aprobar la “ley ómnibus”.

El mandatario también estalla por nimiedades en X (ex-Twitter) y se maneja en la peligrosa línea de la intolerancia y la prepotencia. Pero, así y todo, sus dichos seducen a una parte de la población que no reniega de las formas.

¿Qué esconden las palabras de esta figura temperamental, con arrebatos verbales, furia tuitera y reacciones altisonantes?

Damián Fernández Pedemonte, director de la Escuela de Posgrados en Comunicación de la Universidad Austral, sostiene que desde el punto de vista de la estrategia discursiva, Milei es populista. Su estrategia es dividir a la sociedad en dos bloques (”argentinos de bien” contra “la casta”), reunir todas las demandas contra el Estado (los privilegios que dicen atacar los mega DNU y la caída “ley ómnibus”), construir un liderazgo autoritario (que avanza en sus reformas radicales contra el Congreso y eventualmente contra la Justicia), bajo la consigna aglutinante de la libertad.

Como en otros líderes populistas de derecha –por ejemplo, Jair Bolsonaro–, se agrega en Milei el componente religioso, analiza Fernández Pedemonte.

En su discurso en Davos, recuerda, llegó a decir que el liberalismo es la única opción moral. Además, considera el experto, se presenta como un líder mesiánico que debe salvar al país de la debacle. Refiere citas bíblicas de Moisés. Tiene una misión sobrehumana que cumplir y necesitará de la ayuda de “las fuerzas del Cielo”.

El presidente Javier Milei, en su exposición en el Foro Económico de Davos. (Gian Ehrenzeller/Keystone via AP)
El presidente Javier Milei, en su exposición en el Foro Económico de Davos. (Gian Ehrenzeller/Keystone via AP) (AP)

“De ahí el esfuerzo por sobreargumentar la crisis –por ejemplo, con la hipótesis contrafáctica de que, de no haber shock, la inflación podría llegar a 15.000 por ciento anual– como mito fundacional. La idea de un mercado que todo lo equilibra y no tiene fallas es la del paraíso terrenal, frente al cual el Estado es un demonio”, dice Fernández Pedemonte.

El especialista marca que el Presidente apela al sacrificio y a los fuertes, sin empatía con los débiles. La frase “Viva la libertad, carajo”, apunta, es un grito de guerra contra la corrección política, y un signo identitario, tribal, para sus militantes.

“Su estilo discursivo se parece mucho más al relato de Cristina (Fernández) que al intento fracasado de (Mauricio) Macri de proponer un modelo de conversación”, subraya. Milei es intolerante con la crítica y no intenta negociar, alcanzar consensos mínimos; eso lo terceriza en algunos de sus funcionarios.

“El discurso de Milei ha sido disruptivo en su modo: radical, emocional, agresivo, antisistema. Se apropió del valor del cambio y captó a un público transversal frustrado con los últimos gobiernos y con mucha bronca por la crisis económica y social”, sostiene Fernández Pedemonte.

En la campaña –agrega–, el discurso fue acompañado de una construcción de marca personal muy profesional: look rebelde, de rockero, con campera, pelo largo, intervenciones tipo stand up, con motosierra y golpes al Banco Central, muy televisivo.

En realidad, el mensaje liberal no es nuevo, pero ahora llega recargado en su versión más radical libertaria y anarco-capitalista.

Fernández Pedemonte apunta que su novedad está en la forma. “Es una modalidad de discurso didáctica, con una teoría simplista, que se apoya en datos que apuntalan el propio argumento, pero soslaya los datos que lo refutan”, dice el profesor de la Austral.

Cita como ejemplo su relato de la historia del capitalismo basada sólo en el producto interno bruto. En Davos, remarca Fernández Pedemonte, explicó que entre el año 0 y el 1800, el PIB no creció –algo indemostrable, por la ausencia o incomparabilidad de los datos históricos– y que en los últimos 100 años creció de manera exponencial por el capitalismo, desconociendo que en ese período sólo en algunos momentos y países hubo capitalismo tal como él lo entiende.

“Hay una connotación de cientificidad, pero con mucha exageración y sesgo de mi verdad (my side bias)”, considera el experto. “Más que un profesor, Milei se presenta como un profeta, con la misión de revelar una verdad al país o a Occidente”, apunta.

En este sentido, remarca, habla del fracaso del colectivismo –que según el discurso de asunción ocupó 100 años de nuestra historia y en Davos es un conjunto que incluye desde el socialismo y la socialdemocracia, hasta el fascismo y el populismo– y de las ideas libertarias. “Esto es visto como algo valiente por los seguidores y como algo patético por observadores más imparciales”, opina.

A quién le habla

Fernández Pedemonte considera que los destinatarios explícitos del discurso de Milei son “las personas de bien”. Pero su discurso parece más interesado en hacer crecer a su contradestinatario: la casta (los políticos, el Estado y sus trabajadores, las organizaciones sociales, los sindicatos, los sectores de la economía “privilegiados”, el periodismo, etcétera).

El especialista considera que al fustigar a la casta, Milei espera reforzar su alianza sin intermediación con la gente de bien, a la par que irritar a la corrección política.

Fernández Pedemonte subraya que se puede pensar al público de Milei por círculos concéntricos: los ultraliberales que comulgan con su doctrina y vieron en él el vehículo para impulsar sus ideas; los nacionalistas conservadores, históricamente alejados de los liberales, que se enganchan con la batalla cultural contra el progresismo, y los votantes de Juntos por el Cambio, que al final votaron por el libertario en el balotaje en contra de Massa, pero cuya lealtad está dividida.

“Milei también sedujo a sectores populares, cansados del engaño del ‘Estado presente’, que quieren libertad para mejorar con sus propios emprendimientos. Este es el público que puede desertar más pronto si no llegan resultados que los favorezcan, es decir si verifican que el ajuste en realidad no lo paga la casta sino ellos”, opina.

Laura Abratte es profesora de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba y de la Universidad Blas Pascal. Santiago Ruiz es docente de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UNC y ambos son miembros de un equipo de investigación de análisis del discurso, argumentación y semántica. Consideran que el de Milei no es un discurso simplista, sino uno complejo y maniqueo, que busca la exclusión.

“A partir de distintas estrategias, ha logrado romper las burbujas, exitosamente”, dice Abratte, en relación con que su mensaje se impuso más allá de los algoritmos, que muestran a los usuarios lo que les interesa ver.

Más allá de la estrategia de su marketing político, Abratte considera que la construcción enunciataria es muy delicada y pone a quien no esté de acuerdo con lo que se dice en la categoría de “delincuente” o “corrupto”. “Nadie quiere ubicarse en ese lugar. Todos quieren ser trabajadores y gente de bien. El problema no es ese, sino a qué le llamás trabajador y ciudadano de bien. ¿Quién es?”, se pregunta la investigadora.

En tanto, Ruiz plantea que el discurso de Milei tiene efecto por lo disruptivo; se anima a todo. “En principio, no tenía una clara definición del destinatario. Esos términos dicotómicos llamaban la atención y eso generó esperanzas. El discurso fue completamente efectivo, sumado al cansancio económico”, plantea.

ROMA (ITALIA), 12/02/2024.- El presidente argentino, Javier Milei, junto al periodista italiano Nicola Porro. Milei considera que "el Estado es el enemigo, una asociación criminal" y el comunismo, "una enfermedad del alma", al tiempo que asegura que, tras "reconsiderar algunas posiciones", ha empezado a "construir un vínculo positivo" con el papa Francisco, que le recibió este lunes en el Vaticano. "Filosóficamente soy anarcocapitalista y por lo tanto siento un profundo desprecio por el Estado. Creo que el Estado es el enemigo, creo que el Estado es una asociación criminal", dijo Milei en una entrevista que se transmitirá esta noche en el programa "Quarta Reppublica" de la cadena Retequattro, que ha avanzado algunos extractos. EFE/ Mediaset
ROMA (ITALIA), 12/02/2024.- El presidente argentino, Javier Milei, junto al periodista italiano Nicola Porro. Milei considera que "el Estado es el enemigo, una asociación criminal" y el comunismo, "una enfermedad del alma", al tiempo que asegura que, tras "reconsiderar algunas posiciones", ha empezado a "construir un vínculo positivo" con el papa Francisco, que le recibió este lunes en el Vaticano. "Filosóficamente soy anarcocapitalista y por lo tanto siento un profundo desprecio por el Estado. Creo que el Estado es el enemigo, creo que el Estado es una asociación criminal", dijo Milei en una entrevista que se transmitirá esta noche en el programa "Quarta Reppublica" de la cadena Retequattro, que ha avanzado algunos extractos. EFE/ Mediaset (EFE)

Las palabras producen realidad

Desde la perspectiva de la producción de sentido del discurso, entendiendo que el significado es uso, que se va modificando y ampliando con base en la mayoría hablante, el discurso de Milei se caracteriza por la utilización de términos en un único sentido, con una definición sesgada e incompleta. Las palabras “libertad” y “Estado” son dos ejemplos.

“Cuando decimos que los significados no están planteados de antemano sino que se van modificando y expandiendo a partir del uso, que siempre es social, nos referimos a que lo importante no son tanto los términos que se usan sino qué efectos tienen, qué consecuencias generan en el oyente”, remarca Ruiz.

La gran contradicción, añade, es que Milei es la máxima autoridad del Estado pero dice estar en contra del Estado.

“Utiliza la noción de Estado ligada a lo político, a la clase política, a la estructura del gobierno y no al Estado conformado por todos los habitantes del país, como identidad cultural. Construir negativamente esa idea de Estado le permite plantear, como oposición, que lo positivo son las empresas, el empresario que llega por mérito propio”, subraya Ruiz.

En la misma línea, Abratte dice que ponerse en contra del Estado es ponerse en contra de un pueblo. En la configuración del significado, aporta, no salta en estos términos, porque para él la definición de Estado es otra.

En relación con el término “libertad”, Abratte explica que el Presidente se apropia de ese significante haciendo un recorte. “Cuando habla de libertad, es libertad de mercado”, sostiene.

Algo similar ocurre con la delimitación del sentido de “lo público”. La investigadora considera que la ciudadanía desaparece cuando se piensa en “lo público” como quienes forman parte de una estructura de gobierno y en “lo privado” como el libre mercado.

“Si el libre mercado lo es todo, entonces el medio es un fin, porque lo monetario termina siendo un fin y no un medio para un bienestar general”, sostiene Abratte.

Por otra parte, agrega que el relato libertario de hoy difiere del liberal de los años 1990, cuando se comenzó a desdibujar la sociedad del Estado para dar paso a la de consumo. Entonces, indica la experta, el eje monetario absorbía toda la estructura social, ya que se pensaba la salud, la educación y la cultura como un gasto. Ahora, dice, “en este discurso tan extremo, directamente no están”.

La dicotomía, ¿funciona?

En todo análisis del discurso es posible observar, a partir de los significados de los términos y de las construcciones discursivas, cómo se construye la realidad social. Abratte explica que discursividades como las del Presidente tienen “un rol de control social”.

“El que las hace las paga” de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, señala Abratte, aplica para el delincuente y para quien reclama su derecho en la calle. “Hay una segmentación muy grande que ha sido una estrategia constante en términos dicotómicos: sos delincuente o estás conmigo. Te aprovechás del Estado o estás conmigo”, remarca.

La estrategia es estigmatizar la política, aun siendo parte de la clase política. “En esa contradicción, se enajena al pueblo porque se va sesgando la participación política, vas alejando a la gente. Hay una distancia descomunal entre el ciudadano y su posible participación”, opina Abratte.

Es evidente que la narrativa vigente naturaliza y exacerba el individualismo y el “sálvese quien pueda”. A los fines comunicativos, opinan los investigadores, el discurso dicotómico de Milei funciona al dejar fuera la construcción dialógica, de consensos.