Ambiente. Carbono en la agricultura: de la normativa en los escritorios a la toma de decisiones en los lotes

Productores de la Chacra Aapresid Sur de Córdoba cuantificaron la huella de carbono de los principales cultivos y el balance de carbono orgánico del suelo. Los resultados.

24 de abril de 2026 a las 08:20 a. m.
Carbono en la agricultura: de la normativa en los escritorios a la toma de decisiones en los lotes
RESULTADOS. En maíz, el 60-70% de las emisiones provienen de la fertilización nitrogenada, por lo que herramientas como la fertilización variable se perfilan como estrategias para bajar la huella C del cultivo

La agricultura está cada vez más interpelada por su impacto ambiental. En materia de carbono, mientras los mercados y los gobiernos siguen debatiendo sobre reglamentaciones, premios y castigos, los productores siguen buscando cómo transformar este indicador en decisiones.

En ese camino, los productores de la Chacra Aapresid Sur de Córdoba dieron un paso clave: medir. Junto a la Red de Carbono de Aapresid, el grupo cuantificó la huella de carbono (HDC) de los principales cultivos y el balance de carbono orgánico del suelo (COS). El objetivo: entender cuánto emiten sus sistemas por tonelada producida, dónde están los principales focos de emisión para actuar en consecuencia y cómo evoluciona el carbono en el suelo en función de cada planteo productivo.

La huella de carbono permite evaluar las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a la producción agrícola –dióxido de carbono (CO2), óxido nitroso (N₂O) y metano (CH4)–, en este caso, por tonelada producida.

El balance de COS mide la diferencia entre las entradas y las salidas de carbono del suelo, reflejando si este está capturando o perdiendo carbono.

La Chacra Aapresid Sur de Córdoba es un proyecto de investigación y desarrollo (I+D) liderado por más de 20 productores de la zona que, junto con especialistas del Inta, la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de Río Cuarto y empresas, buscan desarrollar modelos agrícolas que no solo maximicen la producción, sino que también promuevan la salud del suelo y la calidad ambiental.

Abarca todo el departamento General Roca y tiene cinco sitios de ensayos, desde Onagoyti hasta Villa Valeria. Se trata de una región con suelos arenosos con alta vulnerabilidad a la erosión y poca capacidad de retención de agua.

Huella de carbono: sistemas eficientes en contexto

La estimación de huella de carbono se realizó para los principales cultivos extensivos –soja, maíz, trigo, cultivos de servicios, entre otros– y se basó en datos de cinco campañas, más de 100 mil hectáreas.

El análisis permitió no solo conocer la huella de carbono por tonelada producida, sino además identificar dónde están los principales focos de emisión para actuar en consecuencia.

En gramíneas como maíz y trigo, entre el 60% y el 70% de las emisiones están asociadas a la fertilización nitrogenada. En cambio, en cultivos como soja o girasol, el peso relativo se desplaza hacia el uso de fitosanitarios y el consumo de combustible, que pueden representar hasta el 50%-60% de las emisiones totales.

ASOCIADOS. Los planteos que incorporaron cultivos de servicio y mantuvieron el suelo cubierto durante más tiempo lograron mejores balances de carbono.
ASOCIADOS. Los planteos que incorporaron cultivos de servicio y mantuvieron el suelo cubierto durante más tiempo lograron mejores balances de carbono. (Gentileza Aapresid)

Estos resultados marcan una hoja de ruta: mejorar la eficiencia en el uso de insumos es clave para seguir reduciendo la huella. En este sentido, prácticas como la fertilización variable y el manejo integrado de plagas aparecen como herramientas concretas para avanzar en ese objetivo.

Más allá de conocer los puntos de ajuste, los productores de la Chacra supieron que van por buen camino: para la mayoría de los cultivos, la huella de carbono generada fue inferior a la de la media zonal.

“En el caso del trigo, para producir una tonelada de grano, los productores de la Chacra generan casi 200 kilos de equivalente dióxido de carbono (CO2eq) menos que la media zonal”, explica Florencia Moresco, coordinadora de la Red C de Aapresid.

Carbono en suelo: la intensificación hace la diferencia

El otro eje del trabajo fue el balance de carbono orgánico del suelo, un indicador clave no solo desde lo ambiental, sino también desde lo productivo:

“La mitad de la materia orgánica del suelo está compuesta por carbono, y los estudios en Argentina reportan que por cada 1% de aumento en la materia orgánica los rindes de maíz pueden crecer hasta 12 quintales por hectárea; y en soja, hasta 3,3 a 4,3 quintales por hectárea en ciertas zonas”, explica Moresco.

La coordinadora agregó: “El carbono en el suelo depende directamente del manejo: maximizar los aportes (biomasa, raíces, rastrojos) y minimizar las pérdidas es la base para sostener o incrementar su nivel”.

Los resultados de la Chacra mostraron que los planteos que incorporaron cultivos de servicio y mantuvieron el suelo cubierto durante más tiempo lograron balances de carbono positivos o neutros. “Por ejemplo, la secuencia vicia/maíz mejoró el stock de carbono del suelo en un 1,4%, mientras que un monocultivo de soja perdió casi 0.5% del stock inicial”, cita Moresco.

La mirada del productor

Darío Monje, miembro de la Chacra, reflexiona sobre su participación en el grupo y los resultados del estudio: “Me sumé a la Chacra porque siempre me interesó la salud del suelo. Sentía que los rendimientos estaban en una meseta y había que entender qué estaba pasando”.

“Uno de los principales logros de analizar indicadores vinculados al carbono es haber traducido conceptos complejos, como la huella de carbono o el balance de carbono orgánico del suelo (COS), en información concreta para la toma de decisiones. Antes mirábamos el suelo desde lo físico, la raíz, la implantación. Hoy le sumamos la mirada del carbono, que termina de cerrar todo el sistema”, agrega.

AMBIENTE. Los resultados obtenidos por la Chacra Aapresid marcan una hoja de ruta: mejorar la eficiencia en el uso de insumos es clave para seguir reduciendo la huella.
AMBIENTE. Los resultados obtenidos por la Chacra Aapresid marcan una hoja de ruta: mejorar la eficiencia en el uso de insumos es clave para seguir reduciendo la huella. (Gentileza Aapresid.)

El grupo aprendió que prácticas como la intensificación de secuencias y el uso de cultivos de servicio no son sólo conceptos bonitos, sino que aportan beneficios concretos a la salud del suelo y los rindes. “La intensificación bien hecha es la clave. Nos permite mejorar rendimientos, cuidar el suelo y reducir la huella”, resume Monje.