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Agro

Inversiones. El agro rema con retenciones, mientras minería y energía aceleran con aditivos fiscales

Argentina atraviesa una transformación de su matriz productiva, donde las inversiones millonarias en el sur y la región andina contrastan con la asfixia del motor histórico del país.

22 de mayo de 2026, 09:20
El agro rema con retenciones, mientras minería y energía aceleran con aditivos fiscales
BIOCOMBUSTIBLES. La industria del etanol espera un nuevo marco legal para llevar a cabo nuevas inversiones.

La economía argentina ya no puede leerse como un bloque monolítico. Lo que las estadísticas agregadas suelen esconder, la realidad del territorio lo grita con fuerza.

Estamos asistiendo a lo que un reciente informe de la Universidad Austral, elaborado por las especialistas Ana Inés Navarro y Marina Álvarez, denomina como una Argentina de "tres economías en una".

El estudio pone sobre la mesa una transformación profunda en la matriz productiva, donde el dinamismo ya no parece ser patrimonio exclusivo de la pampa húmeda, sino que se ha desplazado hacia las fronteras mineras y energéticas del país.

El sur y la región andina, a toda marcha

El informe es contundente al identificar tres regiones con motores de actividad muy marcados: la región sur (hidrocarburos), la región andina (minería) y la región centro (agroindustria).

Lo que separa a estas regiones no es sólo la geografía, sino la magnitud de la apuesta de capital.

En el sur, de la mano de Vaca Muerta, y en la región andina con el empuje del litio y el cobre, se observan proyectos con inversiones que oscilan entre U$S 200 millones y U$S 7.000 millones por emprendimiento.

Esta inyección de capital ha generado que la región sur muestre una tendencia de crecimiento sostenido desde principios de 2021, lo que consolida un proceso de expansión estructural vinculado al petróleo y al gas no convencional.

Por su parte, la región andina –que incluye provincias como Salta, Jujuy y San Juan– también exhibe una tendencia creciente desde finales de 2020, impulsada por proyectos como Cauchari-Olaroz y Veladero, aunque con una ligera desaceleración reciente.

La paradoja del campo: el sostén castigado

En la otra cara de la moneda se encuentra nuestra Región Centro –Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos–, corazón de la agroindustria nacional junto con Buenos Aires y La Pampa. Aquí la música es otra.

El informe advierte que la tendencia de largo plazo en esta región se contrae desde principios de 2023. Mientras el petróleo y la minería avanzan en una fase expansiva, el agro enfrenta una trayectoria más débil, limitada por factores que se conocen pero que no por eso dejan de doler: los fenómenos climáticos, la volatilidad de precios y, fundamentalmente, la falta de previsibilidad en materia de derechos de exportación.

Más allá del alivio fiscal conocido este jueves para el trigo y la promesa para la soja el año próximo, la decisión oficial está tomada: el tratamiento preferencial del Estado es para los sectores de la energía y la minería.

Para atraer nuevas inversiones, ofrece marcos de estabilidad fiscal, beneficios impositivos y un horizonte de certidumbre que cualquier productor agropecuario envidiaría.

En contraste, la agroindustria no sólo no recibe tales "mimos", sino que padece el peso histórico y distorsivo de las retenciones, un impuesto que no reconoce rentabilidad ni desastres climáticos.

Aportando el combustible de divisas

Pese a este escenario de asimetría fiscal y falta de incentivos estructurales, la agroindustria volverá a demostrar este año por qué sigue siendo la columna vertebral de la Argentina.

Las proyecciones indican que gracias a una recuperación tras la sequía, y a pesar de la tendencia de mediano plazo que marca el estudio de la Universidad Austral, a la agroindustria le alcanzará para ser el mayor aportante de divisas, en lo que se perfila como un año de exportaciones récord.

Es una ironía productiva: el sector que más recursos genera para sostener el funcionamiento del Estado es el que menos beneficios recibe para expandirse.

Mientras la energía y la minería crecen a un ritmo superior al promedio nacional (Emae), el agro sigue lidiando con una rentabilidad amenazada y una "tendencia de largo plazo más débil", debido a las limitantes que impone la propia política económica.

Entre los empresarios agroindustriales, hay una coincidencia: si el país quiere realmente consolidar un crecimiento sostenido, debe nivelar la cancha.

No se trata de quitarles beneficios a la energía o a la minería, sino de otorgarle a la agroindustria la misma previsibilidad y el alivio fiscal que hoy permiten que otras regiones del país sueñen con un futuro de expansión estructural.

El agro ya demostró que, aun con el viento en contra y la mochila cargada de impuestos, cumple. Imaginen lo que podría hacer si le sacaran el pie de encima.