No todo se mide con el cristal de las urnas
La distribución de un cupo parcial de exportación para trigo, dirigido inicialmente a tres provincias, tuvo un efecto “boomerang” para el Gobierno. Y el “voto castigo” del campo comienza a pesar en los cómputos.Carlos Petroli.
El "olvido" no pudo haber sido más inoportuno. Le provocó al Gobierno un tremendo barquinazo en el corazón agrícola a la vuelta de la elección en Santa Fe –voto castigo del campo incluido– y a pocos días de la convocatoria a las urnas en Córdoba. Justamente, en esta provincia mediterránea estalló el cortocircuito por los remanidos cupos y cuotas de exportación para trigo. Esto porque, inicialmente, las carteras nacionales de Agricultura y de Economía habían anunciado una nueva asignación por 450 mil toneladas, pero sólo "nominadas" para las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos. Efecto "boomerang". El ministro Julián Domínguez y, por encima de él, la Casa Rosada, recibieron de un lado la queja formal por nota del titular de Agricultura cordobés, Carlos Gutiérrez, en una semana de difícil digestión por el traspié electoral de Santa Fe. Por añadidura, el gobernador bonaerense Daniel Scioli, incondicional aliado político del Gobierno, debió hacerse cargo de más críticas por haber gestionado –tardíamente, según los productores– ante el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, la liberalización de 300 mil toneladas de los stocks trigueros. "Una vez que el gobernador (Scioli) había tomado coraje para abrir la boca por el trigo de los bonaerenses, cosa que los productores hace cuatro años que esperaban, lo hace tarde y mal", lo toreó Jorge Solmi, legislador y director de la Federación Agraria, recordándole que ya se está sembrando la nueva campaña "y aún faltan vender más de cuatro millones de toneladas, algo así como 40 veces la producción de Pergamino para el 2012". Proselitismo y reclamos. El fragor de la campaña proselitista, en tanto, ha colocado a los problemas agropecuarios en un delicado filo: así como se leyó como un gesto cuasi proselitista la controvertida liberación de cupos de trigo para la exportación, las asambleas y protestas protagonizadas esta semana por productores lecheros y de porcinos (estos últimos, impulsados casi exclusivamente por la Federación Agraria) también cayeron bajo la lupa de propios y extraños. Así, las entidades colegas en la Mesa de Enlace desaconsejaron a la FAA llevar el reclamo a un punto extremo como poner un pie en los puentes, desde donde ingresan cortes de Brasil.A la vez, la suspicacia contra los tamberos provino desde el ámbito oficial. Tras la multitudinaria asamblea del martes, en San Francisco, donde se resolvió un virtual ultimátum de 15 días al Gobierno para que frene una rebaja de los precios de la leche en tranquera de tambo, el secretario de Lechería de la Nación, Arturo Videla, replicó con argumento electoral. "Entiendo que si iniciaron la asamblea pidiendo un aplauso porque lo de Santa Fe ha sido un voto castigo al Gobierno, y que se tiene que repetir en Córdoba y Buenos Aires, me parece que los productores están lejos de priorizar la realidad sectorial; más bien están priorizando la cuestión política", expresó Videla, en una frase dirigida al líder agrario Eduardo Buzzi. El fondo y la forma. Pero, por fuera del microclima electoral, los reclamos empresariales tienen apenas una relación de causa-efecto con la decisión de los ciudadanos en las urnas. Los enredos en el mercado de trigo, que hasta obligan a un ministro a corregirse en el término de horas, tienen poco que ver con la campaña proselitista y son el resultado de cómo el Gobierno administra la política económica relacionada con el agro. Y no es sólo el trigo; la actividad lechera, con un horizonte de crecimiento importante, ha tenido sin embargo en estos años un ritmo cansino de sus inversiones y no encuentra la suficiente luz para crecer.

