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Girasol, un piso para tomar impulso

Barreras: bajar las retenciones y volver al mercado europeo figuran entre las metas de la cadena agroindustrial.

04 de junio de 2010 a las 12:02 a. m.
Redacción La Voz
Girasol, un piso para tomar impulso

Enviado especial

Buenos Aires. Las barreras sanitarias de la Unión Europea, a causa de residuos de pesticidas en embarques de aceites, y la corrección de las retenciones ("cristalizadas" hasta hoy en 32 por ciento para grano y 30 por ciento para derivados) son algunas de las asignaturas a resolver y que representan un cono de sombras para la cadena local del girasol.

A la salida de la peor campaña en los últimos 34 años, la Asociación Argentina de Girasol (Asagir) decidió llevar a cabo su quinto congreso y logró reunir a más de 750 asistentes en el centro de convenciones de la Universidad Católica, en Puerto Madero.

La aparición de nuevas tecnologías (ver página 3), una perspectiva climática menos húmeda y precios internacionales apuntalados por la demanda de alimentos y biocombustibles son señales positivas para la campaña que se avecina.

A modo de ejemplo, Ricardo Negri (h), integrante del movimiento Crea consignó a La Voz del Campo que en los ambientes más arenosos del sur de Córdoba, el cultivo se presenta más competitivo que el año pasado y con menos riesgo que la soja. "La renta por ahí no es tan alta, pero el riesgo es mucho menor si se tiene en cuenta que se logra con menos agua", expuso.

¿Cómo seguir? En una mesa de industriales, el disparador fue si realmente hay que seguir haciendo girasol en la Argentina. Vladimir Barisic (Oleaginosa Moreno) instó a actuar para volver a exportar el aceite y tratar de reducir las retenciones.

Recordó que la Argentina era muy competitiva en el mercado europeo y dejó de serlo por un tema de pesticidas. "Esta barrera para arancelaria nos alejó del mercado europeo y también se perdió la referencia de Rotterdam. Hoy no podemos dar precios forward, es muy difícil. Por eso debemos mejorar la calidad de nuestro girasol", enfatizó.

Andrés Iolster (Cargill) recordó que el mejoramiento tecnológico y de calidad -sobre todo en cuanto al uso de pesticidas- es muy difícil de aplicar con la desventaja arancelaria respecto de competidores como Ucrania. La esperanza quizás pueda provenir desde el mercado de los aceites, sobre todo por el biodiésel, pero opinó que el puntapié inicial debería venir del lado del Gobierno, porque es muy difícil convencer a las empresas semilleras de que inviertan y mejoren en tecnología si cada año se compran menos semillas.

Sobre la barrera sanitaria europea planteó que el Senasa debería tener más flexibilidad en la tolerancia con respecto a los insectos en plantas en los puertos, por cuanto en el mundo se tolera más la presencia de insectos que de pesticidas.

Santiago Sánchez (AGD) apuntó que el girasol alto oleico puede marcar un diferencial con Ucrania, competidor que viene rezagado en este punto. Y consideró que el Gobierno debería tomar nota del consumo interno (400 mil toneladas); si sigue cayendo el área, producto de la carga fiscal, podría peligrar el abastecimiento, como ocurrió con el trigo.

Jorge Domínguez (Molinos Río de la Plata) sugirió tener en cuenta también la potencial pérdida de puestos de trabajo. "Creo que a nivel de los funcionarios de carrera se entiende esto perfectamente, que el girasol quedó pegado a la soja, pero falta una decisión política. Asagir tiene que seguir insistiendo en comunicar qué es lo que pasa", propuso.

Sobre la formación de precios, apuntó que el cultivo tiene una distribución geográfica que hace que no haya un mercado concentrador, como el de Rosario para soja. Los costos de transformación llegan en algunas fábricas a los 50 dólares por tonelada. Como hay diferentes precios y no hay forwards, porque el mercado es mucho más líquido, no hay un precio unificado. El tema de la pizarra es conflictivo por las operaciones a fijar, con lo cual está bajando esta modalidad, explicó.

Una de las hipótesis de baja de retenciones que se barajó es volver al 20 por ciento para el grano y 17 para el aceite, en pos de compensar el 12 por ciento de retenciones que tiene Ucrania. Otra opción sería reducirlas a la mitad; el costo para el Gobierno sería de 60 millones de dólares, pero con una mayor cosecha la recaudación impositiva también crecería.

En el cierre del bloque, el presidente de Asagir reconoció que hay un problema político (el girasol es otro rehén) y recogió la idea de invitar a los representantes del Gobierno a las reuniones de Asagir "y no siempre estar nosotros golpeándole la puerta".

Señaló que se está reflotando como tema de trabajo la cuestión de los pesticidas. "No discutimos si es para arancelario o no; nuestros compradores quieren cero pesticidas y nuestro deber es ofrecer esto", dijo.