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Los negocios poco ortodoxos de Google

Los cerebros de la firma piensan diferente a la mayoría de los líderes corporativos, y podrían alentar a más compañías a correr riesgos que no rendirán por años.

13 de octubre de 2010 a las 12:56 p. m.
Agencia AP
Los negocios poco ortodoxos de Google
GOOGLE. Se involucró en mucho más que búsquedas en Internet y anuncios publicitarios.

Google dice que quiere ayudar a crear un mundo mejor y con ese fin se involucró en mucho más que búsquedas en Internet y anuncios publicitarios.

Pero, ¿automóviles sin chofer? ¿Turbinas de viento en el Atlántico? Son iniciativas que tal vez no le caigan bien a muchos exasperados inversionistas -que quisieran que la gerencia de la compañía fuera más frugal y se concentrara más en el precio de las acciones- pero usualmente hay una lógica subyacente en la poco convencional estrategia de Google.

Riesgos. Los cerebros de Google -los fundadores Larry Page y Sergey Brin, junto con el director ejecutivo Eric Schmidt- claramente piensan de una forma diferente a la mayoría de los líderes corporativos, y podrían tal vez alentar a más compañías a correr riesgos que no rendirán dividendos por años, si es que los rinden alguna vez.

El momento es perfecto para planes a largo plazo, aún frescos los recuerdos de un desplome financiero resultado en parte de las demandas de Wall Street de que las compañías consigan ganancias más altas cada tres meses y alcancen los objetivos fijados por analistas.

"Adondequiera que uno mira en este país, parece que estamos sufriendo las consecuencias de la importancia que se le dio a las ganancias a corto plazo", dice Paul Saffo, un veterano analista del Silicon Valley y director de pronósticos para Discern Analytics.

"Google no tiene esa enfermedad", dice. "Es uno de los pocos puntos positivos que tenemos en ese sentido".

Programas. Aún así, pudiera ser difícil imaginarse cómo puede Google justificar inversiones en el desarrollo de una tecnología robótica que ha conducido automóviles decenas de miles de kilómetros por rutas de California sin un accidente y dedicar potencialmente centenares de millones de dólares para ayudar a construir un campo de energía eólica frente a la costa nordeste del país.

Con un poco de imaginación, se puede ver cómo Google pudiera beneficiarse. Por ejemplo, Saffo dice que la tecnología sin chofer pudiera ser eventualmente implementada en una flotilla de vehículos usados colectivamente.

Google podría entonces usar una cámara para tomar nuevas fotografías de calles que aparecen en mapas en Internet, otro ejemplo de un servicio que inicialmente pareció una distracción, pero que es ahora una herramienta indispensable que ayuda a la compañía a vender publicidad.

Compra. La compañía anunció en octubre que comprará una participación de 37,5 por ciento en el proyecto de energía eólica del Océano Atlántico, invirtiendo en una red de líneas de transmisión submarinas para llevar la electricidad de turbinas de vientos aún no construidas.

Eso tiene más lógica cuando uno se da cuenta que Google usa enormes cantidades de electricidad de la red nacional y espera consumir aún más el próximo decenio a medida en que abre más centros de computadoras para sus servicios.

Y si el valor de la energía renovable sube, como muchos esperan, Google podría vender su participación en el proyecto con buenas ganancias.

O el plan podría fracasar, algo que Page y Brin le advirtieron a potenciales inversionistas en abril del 2004 cuando detallaron su enfoque iconoclasta de negocios antes de que Google vendiese sus acciones en la oferta pública inicial.

Poco ortodoxos. Los fundadores de Google le dijeron también a los inversionistas que la compañía estaría dispuesta a financiar proyectos con apenas 10 por ciento de probabilidades de generar ingresos de al menos 1.000 millones de dólares, riesgos que parecen "muy especulativos e incluso extraños", según admitió la propia empresa.

La transparencia de Google sobre sus tácticas poco ortodoxas podría ser una de las razones por las que la compañía no ha sido castigada por protestas de sus accionistas, aunque analistas concuerdan en que el precio de las acciones probablemente sería más alto si la gerencia usase parte de los 30.000 millones de dólares en efectivo de la compañía para pagar dividendos trimestrales o comprar acciones.