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Defender las bibliotecas populares

La biblioteca y la computadora no se contradicen sino que son complementarias. Y, en muchos sentidos, el libro impreso es irreemplazable, pese a los avances técnicos.

11 de junio de 2010 a las 12:01 a. m.
Defender las bibliotecas populares

La computadora no reemplaza al libro o las revistas, sino todo lo contrario. En todo caso, son alternativas que se complementan. Algunos contenidos de los libros -no todos- se pueden leer en Internet y lo ideal sería que todas las bibliotecas populares estuvieran computarizadas, para que el lector pueda buscar o actualizar la información que necesita, cotejarla con otras publicaciones o pedir auxilio en la Web para resolver un problema, hacer cálculos o proyecciones.

Pero no es lo mismo leer en un libro una novela o un tratado científico, un texto de historia o filosofía, que hacerlo en la pantalla de una PC. Poder, se puede, pero no es lo mismo; es otra forma de lectura y acceso a los conocimientos, a los relatos y a la información, y, en ese sentido -no en todos pero sí en muchos casos-, el libro impreso es irreemplazable. Es también parte del placer humano de disfrutar un buen texto y pensar.

Por otra parte, las bibliotecas -sean públicas o privadas- son lugares de encuentro y socialización entre las personas, escenarios que se prestan al diálogo y a la realización de actividades artísticas o foros de discusión sobre los más diversos temas. Hay bibliotecas municipales, pero también hay otras que son el resultado del esfuerzo de los vecinos, que se mantienen con el modesto aporte de sus socios y con las donaciones de particulares. Hay muchas que cerraron, pero otras muchas que continúan abiertas o que se abren, siempre merced a ese esfuerzo. Hay instituciones, como Cáritas Arquidiocesana, que tienen una oficina especial para recibir y clasificar donaciones de libros, que luego son distribuidos en las bibliotecas populares y en las cárceles.

La labor de Cáritas es encomiable en este aspecto, ya que muchas bibliotecas particulares -algunas muy importantes y de muchos volúmenes- son donadas a esa institución después de la muerte de los propietarios de esas colecciones, que son entregadas a diferentes sectores.

En la sede cordobesa de Cáritas esta tarea reviste una particular importancia, ya que bibliotecas enteras de eminentes médicos, abogados, científicos y humanistas no desaparecieron sino que pasaron a ser parte del patrimonio social.

Pero volviendo al tema de la vigencia de las bibliotecas populares, hay que subrayar que éstas, además de ser depositarias de libros, revistas y otros materiales, son impulsoras de actividades que alientan la socialización.

Y cuando esa inserción se hace a través de la cultura, es muy importante, tan importante como cuando se hace a través del deporte, el trabajo, la recreación o cualquier otra instancia social. Las bibliotecas populares son instituciones comunitarias por definición y excelencia, y por ello requieren del apoyo de todos: de los gobiernos, los municipios, los vecinos y también de las empresas privadas, que deben saber que el aporte a la cultura hace a la defensa del interés general.