Va a juicio acusado de matar a su exnovia
El cuerpo de Mónica del Valle Molina fue hallado en una zanja en Colanchanga. Fue degollada y murió en forma lenta en una bañera. El principal acusado tiene 50 años. Ítalo Juan Herrera está acusado de homicidio simple, pena que va de los 8 a 25 años de cárcel.
De no mediar ninguna sorpresa, el año próximo sería juzgado el hombre acusado de haber asesinado a su novia de juventud, tras degollarla, y enterrarla en una estancia del paraje Colanchanga, a pocos kilómetros de Río Ceballos, en las Sierras Chicas. Es que en las últimas horas, la fiscal de instrucción Liliana Copello elevó a juicio la causa contra Ítalo Juan Herrera (50), quien está acusado del delito de homicidio simple, pena que va de los 8 a los 25 años de cárcel.
Herrera, según la causa, está acusado de haber degollado a su viejo amor de juventud, Mónica del Valle Molina (48), y haberla dejado desangrarse en la bañera de su casa hasta que ella murió. Luego, habría subido el cadáver a su camioneta para trasladarla a la mencionada estancia (propiedad de la madre del acusado) para luego enterrarla y taparla con cal cerca de unos árboles y a pocos metros de un arroyo serrano. La fiscal sospecha que el hombre, dedicado a la construcción en Córdoba Capital, habría decidido vengarse de esa manera de Mónica, ya que ella no quería reanudar la relación sentimental.
Mónica estaba casada, era madre de tres hijos adolescentes y vivía en barrio Empalme, de la Capital. Se ganaba la vida como empleada doméstica.
La mujer desapareció en 2011 cuando volvía de haber ido a visitar a su padre, quien vive en Villa Allende. Por el rastreo
de celulares y otras pruebas, se determinó que se habría juntado con Molina cerca del domo de barrio Alto Verde para luego ir a la casa de este en Colanchanga, paraje paradisiaco de faldeos y caminos serranos, ubicado más allá del dique La Quebrada. La habría llevado en su camioneta Ford F-100 gris. Ya en ese lugar, luego de una discusión, el hombre la habría asesinado tras efectuarle un feroz corte en la tráquea, desde atrás, aprovechando que ella estaba sentada en una silla.
Durante largo tiempo estuvo desaparecida y su familia hizo innumerables marchas de protesta en Córdoba exigiendo justicia. Hasta que casi dos años después (el 16 de julio pasado) fue hallada enterrada por policías, bomberos y el Equipo Argentino de Anatomía Forense.
¿Cómo llegaron a ella?
Ante la falta de avances en la pesquisa (se llegó a creer incluso que Mónica podría haber caído víctima de una red de trata de personas), la fiscal Copello convocó al Departamento Homicidios de la Policía. Luego de unos meses de pesquisa, los detectives (merced a la toma de testimoniales, a releer la causa y el análisis de los celulares), lograron dar con el sospechoso. Pero el mayor problema era que no lograban dar con el cuerpo.
Según pudo averiguar La Voz del Interior, los pesquisas lograron dar con una mujer familiar de un compañero de trabajo íntimo del principal sospechoso (Ítalo Herrera). Esta mujer les habría dicho que su esposo le había contado con lujo de detalles lo que Herrera supuestamente, a su vez, le había relatado sobre el crimen. Y sobre todo dónde estaba el cuerpo.
Así fue que, a mediados de julio, se inició una serie de excavaciones en varios puntos de Colanchanga (principalmente en la casa del ahora detenido y de otros familiares suyos) hasta que en la tarde del 16 de julio lograron hallar el cuerpo en avanzado estado de descomposición. Una pulsera hallada en lo que quedaba de un brazo y unos dientes en el cráneo dieron la cuasi certeza de que se trataba de Mónica Molina. Los estudios de ADN terminaron por confirmar todo.
Los padres de Mónica y su esposo actúan como querellantes con la asistencia del abogado Carlos Nayi.
Según la investigación, Mónica fue asesinada la misma jornada que desapareció: el 4 de agosto de 2011.
Por esas cosas de la vida, el presunto asesino tiene un hermano que está casado con una hermana de Mónica y que viven en España.

