Tan criminales, como los mismos criminales
Día a día somos testigos, presenciales o no, de toda clase de delitos. Claudio Gleser.
Día a día somos testigos, presenciales o no, de toda clase de delitos. Cuando no somos víctimas, leemos episodios escalofriantes en diarios, en Internet, lo escuchamos por radio o lo vemos en informativos televisivos, con música incidental incluida. ¿Quién no tiene un vecino, un amigo o un conocido víctima de un delito? Y cada día escuchamos comentarios de cómo habría que actuar si estuviéramos frente a un delincuente. Las cosas que habría que hacerle y cómo hacérselas. Las justificaciones, palabras más o menos, siempre giran en lo mismo. "La Policía no hace nada" y "los jueces no cumplen con su trabajo y dejan a los criminales sueltos". Es una simplificación básica, equivocada y energúmena de un problema tan cruel como complejo, como lo es el de la inseguridad.En la Argentina, en la última década, el delito creció en forma inusitada. Y los episodios parecen ser cada vez más crueles y cometidos por delincuentes más y más perdidos por las drogas. Sustancias que ya no se importan tanto, sino que se fabrican aquí mismo.Lamentablemente, no debe extrañar que en los últimos tiempos se reiteren hechos de justicia por mano propia en el país. Y Córdoba, como Mendoza, no fue ajena a este fenómeno. En noviembre de 1999, un ladrón fue muerto por comerciantes y vecinos cerca del shopping Patio Olmos, tras robar en una agencia de quiniela. En 2003, los dos acusados fueron absueltos. La ley entendió que fue defensa propia.El Código Penal faculta a cualquiera a "retener" a un ladrón hasta que llegue la Policía. Es la aprehensión privada. Pero una cosa es retener y otra excederse y matar.En los últimos años, varios ciudadanos comunes se arruinaron la vida por excederse. Sus familias, también. Por caso: Mariela Galíndez, condenada a ocho años por atropellar y matar a un ladrón en Río Cuarto; Jorge Escobedo, sentenciado a la misma pena por fusilar a un chico en la ciudad de Córdoba. Qué decir de los padecimientos que sufrió un jubilado de barrio Marqués de Sobremonte, también en la Capital, que estuvo largos meses preso por matar a un ladrón.Vivir en sociedad es hacerlo con todos los defectos, sinsabores e inequidades que tiene y, por sobre todo, bajo la ley. Puede ser buena o mala, pero es la ley y hay que cumplirla. Si no, estaremos perdidos. Seremos tan criminales como los otros.

