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Sobrevivir a una ciudad de tránsito salvaje

Carlos Juárez sufrió graves heridas tras ser apuñalado el 28 de mayo último por otro automovilista en una discusión callejera. Luego de estar internado en terapia intensiva, y de perder mucha sangre, el joven se recupera. Aún no entiende qué sucedió.

17 de junio de 2017 a las 12:01 a. m.
Sobrevivir a una ciudad de tránsito salvaje
Vivir para contarla. Carlos dice que no entiende cómo otra persona fue capaz de apuñalarlo por una discusión sin sentido. (Nicolás Bravo).

Había sido una hermosa tarde en familia, en el circo. La excusa había sido llevar a la pequeña Agostina, de 1 año y medio, a ver a los payasos, a los trapecistas, a comer el pochoclo dulce. La pasaron con plena felicidad, sobre todo Daniela y Carlos, los padres de la niña.

Para terminar la tarde, decidieron ir a merendar a un bar en el hipermercado al que van siempre.

Faltaba poco para llegar. Fue entonces cuando las cosas cambiaron para siempre en la rotonda. Una abarrotada rotonda con vehículos pugnando por entrar, pugnando por salir. Todo ocurrió en segundos.

Fue una típica discusión de tránsito en esta ciudad de Córdoba violenta donde cualquier maniobra propia o del otro puede concluir de la peor forma.

Y terminó mal. Carlos, el padre de la nena, fue herido de una puñalada que le perforó el estómago y le dio en el hígado, a manos del ocupante de otro auto que alcanzó a escapar, aunque fue detenido varias cuadras después.

Y Carlos Sebastián Juárez (30) sabe que volvió a nacer.

Aquel domingo 28 de mayo último al atardecer, en la rotonda ubicada frente a un centro comercial de barrio Alto Verde, el muchacho vio a la muerte a los ojos.

Pero se salvó. Estuvo internado en estado crítico en terapia intensiva y logró recuperarse.

“Yo no hice nada. No tengo nada de qué arrepentirme. Él me atacó. Yo bajé del auto a ayudar a mi hermano y a poner a resguardo a mi hijita y él se vino con ese cuchillo y me apuñaló”, cuenta hoy Carlos, mientras exhibe las heridas con las que terminó en el abdomen.

A su lado, su esposa Daniela lo mira con los ojos llenos de lágrimas. “Me lo podría haber matado”, dice en un suspiro.

Tarde de locura

Carlos cuenta que iba con su familia en un utilitario Renault Kangoo. Manejaba su hermano menor, Nicolás.

Cuando intentaron entrar en la rotonda, no pudieron porque había mucho tránsito y justo se paró al frente un Toyota Corolla gris, conducido por una mujer, que pugnaba por salir.

Algo sucedió y no está claro.

El acompañante del Corolla se bajó y lo mismo hizo Nicolás. No llegaron a las manos.

“Mi hermano y yo le decíamos que se fuera, que ya estaba. El tipo invitaba a pelear”, comenta el muchacho, quien trabaja como controlador en una empresa de colectivos. Todo fue muy rápido.

Al parecer, el otro sujeto amagó con retirarse, pero fue hasta el auto y volvió con un cuchillo con funda.

“Yo quise salvar a mi hermano, sacarlo de ahí. El tipo gritaba: ‘Vení a pelear, cagón’. En eso, me apuñaló. Fue en el estómago. Alcancé a decirle: ‘Mirá lo que me hiciste’”.

Las secuencias aparecen y se repiten en la mente de Carlos todo el tiempo. El cuchillo, la puñalada, el agresor escapando en el Corolla conducido por la mujer, la gente que quería detenerlo, su esposa gritando, su hijita llorando, su abdomen herido, la sangre saliéndole bajo la remera, gritos, desesperación.

Como una pesadilla, Carlos recuerda cómo su mujer le hablaba para que no se durmiera, mientras su hermano daba vueltas con el coche para tratar de llevarlo a una clínica.

“En el sanatorio empecé a vomitar sangre. Creí que me moría. Ahí pensé que chau”, recuerda el muchacho, quien añade: “Yo laburo en la calle, pero nunca me peleé con nadie, nunca. Jamás imaginé que eso podía pasarme. No entiendo qué le pasó a ese hombre, no le hicimos nada”.

Fuga y captura

Ese mismo domingo, la Policía detuvo al agresor. Con los datos aportados por los testigos y tras un breve operativo cerrojo, una patrulla capturó al Corolla  a varias cuadras, ya en Rafael Núñez al 5900.

Rolando Pedro Bobbiesi, ingeniero agrónomo de 37 años y oriundo de Realicó (La Pampa), no se resistió. Tampoco su esposa, la contadora María Adela Solovey (32).

Si bien ambos quedaron detenidos, al cabo de unos días la mujer recuperó su libertad. El supuesto agresor sigue en la Cárcel de Bouwer.

El fiscal Carlos Matheu los acusa por tentativa de homicidio: a él por autor, a ella como supuesta partícipe.

Se prevé una batalla judicial.

Sin perdón

Carlos estuvo internado cinco días en terapia intensiva y otros cuatro en sala común. Hoy vive para contarla.

“Tengo algunos dolores y molestias y sigo en control, pero me estoy recuperando. Me podría haber matado”, dice el muchacho.

Si bien volvió a su casa, no retornó a la normalidad.

Le cuesta moverse. Puede dormir sin pastillas y no tiene malos sueños. Sin embargo, la imagen de lo sucedido y los ojos claros del agresor no se le van de la mente.

“No lo perdono. Por un lado por el daño físico que me hizo y, por el otro, por lo que le hizo vivir a mi familia, a mi hijita. El daño psicológico. Yo no hice nada. Quiero que siga preso y sea condenado por lo que hizo”, afirma.

Encima, asaltados

Como si las cosas no fueran complicadas para Carlos y su familia, ladrones entraron a robarles en los últimos días.

Fue mientras él estaba internado y los suyos lo visitaban.

Un sábado, un grupo de ladrones forzaron la puerta de calle del domicilio en barrio Marqués de Sobremonte y, con toda impunidad, se apoderaron de distintas cosas.

“Vamos a salir adelante, vamos a pelearla”, sostiene Daniela, sin dejar de mirar y abrazar a su esposo.

Conflicto. El tránsito en las rotondas revela muchas veces la inconducta al volante de los cordobeses.
Conflicto. El tránsito en las rotondas revela muchas veces la inconducta al volante de los cordobeses.