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Prisión perpetua a la docente que mató a su madre

Le aplicó 55 puñaladas y la víctima falleció por varias heridas en el cuello. Contradicciones derrumbaron las coartadas de la acusada.

30 de diciembre de 2013 a las 12:01 a. m.
Prisión perpetua a la docente que mató a su madre

Una docente que mató a su madre de 55 puñaladas fue condenada a prisión perpetua por un jurado popular constituido en la Cámara 5ª del Crimen de Córdoba. El hecho ocurrió el 14 de enero de 2011 en la vivienda de la víctima, en barrio Los Bulevares, al noroeste de la capital provincial. Allí llegaron madre e hija cerca de las 18 y cuando el otro hijo de la damnificada se retiró, se produjo un extraño incidente que derivó en el brutal asesinato. La Policía llegó por los llamados que efectuó la propia asesina. El primer uniformado que arribó se encontró con un panorama desolador en una pieza del fondo de la casa, con la mujer de 64 años tendida boca arriba, en medio de un charco de sangre. Entre las múltiples heridas la mujer falleció por tres o cuatro producidas en el cuello que le seccionaron el paquete vascular y la tráquea.La hija, que había solicitado ayuda, comentó a los policías que habían ingresado un hombre y una mujer y que las habían asaltado. No obstante, incurrió en algunas contradicciones que hicieron sospechar.La condena a prisión perpetua se debe a que durante el debate no fue posible hacer variar la severa acusación, homicidio calificado por el vínculo.La pena categórica recayó en Gabriela Mirta Wassan (hoy con 42 años) quien fue hallada penalmente responsable de la brutal muerte de su madre Graciela Inés Funes. En el debate se hallaron evidencias que resultaron contundentes para el conjunto del jurado popular, el que deliberó junto a los jueces técnicos Susana Blanc (presidente), Luis Paoloni y Guillermo Lucero Offredi. Entre otros elementos, pesó el secuestro de un martillo que habría sido utilizado para golpear a la víctima y un guante de látex, ambos con rastros de ADN de la hija asesina. Extraño triángulo Pero, además, entre las pruebas colectadas durante la instrucción del fiscal Pablo Molina, se contaban algunas notas manuscritas con la grafía de la propia acusada. Gabriela había redactado algunos párrafos con supuestas retractaciones de su madre, en los que "reconocía" el maltrato sufrido por ella durante años, a partir de la preferencia hacia su hermano menor.Además de resultar extrañas esas notas, se hallaron otros escritos, como una serie de tareas a cumplir que parecen corresponderse con un plan para concretar el crimen.La docente del Instituto Inmaculada de Villa Rivera Indarte, condenada la semana pasada, habría sufrido celos de la relación entre su hermano y su madre y se habría sentido excluida del afecto materno.Las pericias psiquiátricas, si bien apuntaron una disociación de tipo psicótica, concluyeron que la acusada tenía esos signos pero que no se correspondían "con insuficiencia o alteración morbosa de las facultades ­mentales, ni alteración grave de la conciencia". Esto sirve para derribar el supuesto de que en el momento del crimen había elementos que "le impidieran comprender la criminalidad de sus actos y dirigir sus acciones".El defensor Marcelo Jaime no logró imponer la idea habitual para un crimen de estas características, la de circunstancias extraordinarias de atenuación. Si bien señaló que en su alegato "propio" solicitaba la absolución, en uno "impropio" consideraba que la víctima debía ser tratada bajo esas circunstancias especiales, lo que hubiera morigerado sensiblemente la pena.Sin embargo, el jurado popular se inclinó por la postura del fiscal de Cámara Fernando Amoedo, quien consideró probada la acusación y solicitó la perpetua.