"No podíamos mantenernos parados"
Una familia de cordobeses volvió ayer de Japón tras el potente terremoto. Hacía 22 añosque vivían en el país asiático.
Cuando el pasado 11 de marzo la tierra tembló y el mar se enfureció en Japón, los cordobeses Jorge y Marcela Uehara no imaginaron que pocos días después regresarían a la Argentina con sus dos hijos y con la esperanza de comenzar una nueva etapa de sus vidas, después de haber permanecido durante 22 años en ese país asiático. Los Uehara llegaron ayer a la mañana a la ciudad de Córdoba, junto con otros argentinos que decidieron emprender la vuelta después de haber sufrido el potente terremoto y tsunami del 11 de marzo, y cuando aún siguen las tareas para controlar la crisis nuclear."¿Por qué tomamos la decisión de volver? Por mis hijos, por el bienestar de mi familia", explicó Jorge a La Voz del Interior , rodeado de Marcela, Pablo (22), y Vanesa (19). La más chica de la familia será la única cordobesa "por adopción", ya que Jorge y Pablo nacieron en Unquillo, y Marcela en Río Ceballos, la ciudad que los Uehara eligie-ron como primer lugar de residencia para estar con sus familias y amigos.Las primeras palabras de Jorge fueron de agradecimiento a la Cancillería y al Consula-do argentino por las gestiones realizadas para que ellos pu-dieran volver al país apenas lo decidieron. El día D. Hasta hace pocos días, los Uehara vivían en la ciudad de Samukawa, al sudoeste de Tokio, en la prefectura de Kanagawa, una de las más populosas de Japón. Jorge recordó que el 11 de marzo, en los primeros segundos en que comenzó a moverse todo, nunca imaginó la gravedad que tendría el terremoto y lo que pasaría después."Estábamos trabajando en la empresa cuando, a eso de las 2 de la tarde, sentimos un movimiento, primero un poquito, muy leve. Enseguida sonaron las alarmas que avisaban que era un terremoto. Entonces salimos a la calle y allí nos dimos cuenta de que era muy fuerte porque no podíamos mantenernos parados", contó con una mirada que parecía fija en un punto del recuerdo. Agrega luego que, una vez afuera del edificio, él y sus compañeros corrieron hasta una especie de descampado donde buscaban mayor seguridad."En los siguientes tres días continuaron los movimientos de 5, 6 y 7 grados. Después la gente empezó a comprar tanto que ya no había pan, no había agua".Jorge recuerda que por las noches aumentaba la intranquilidad, porque era cuando más se sentían las réplicas. "Teníamos que salir hasta cuatro o cinco veces afuera. Dormíamos vestidos". Ayer, cuando llegaron a Córdoba, los Uehara apenas hablaron de la historia que viene porque aseguraron que casi no tuvieron tiempo de hacer planes. Lo que sí sabían era lo primero que iba a pasar después de tantos kilómetros y días de angustia. "Ahora vamos a dormir", se esperanzó Jorge.

