Narcofutbolistas: la ingeniería de los traficantes es centro del debate
¿Se puede violar un precinto de Aduana? Este es el eje del juicio contra la supuesta parte cordobesa de una banda internacional.
¿Cómo hicieron los narcotraficantes para introducir, en aquel verano de 2009, mil kilos de cocaína en dos contenedores en los que molinos de viento iban a viajar hacia España? ¿Hubo complicidad en los controles de la Aduana cordobesa o, una vez terminada la requisa, los "narcos" se las ingeniaron para ingresar la droga en los contenedores con precintos supuestamente inviolables? Estos han sido los principales interrogantes en los que ha girado el debate en la sala de audiencias del Tribunal Federal Nº 1 de la ciudad de Córdoba, donde un empresario del transporte, Oscar Alberto Allende y un chofer de su flota, Daniel Rito José Sandaliche, están siendo juzgados sospechados de haber sido la pata cordobesa de una banda internacional, ligada al ambiente del fútbol europeo, que en enero de 2009 lograron sacar desde Córdoba a España los mil kilos de cocaína.En el mismo banquillo de los acusados están sentados el hijo homónimo de Allende y un herrero, Oscar Schiezzari, detenidos un año y medio después junto al mayor de los Allende (estaba en libertad, aunque imputado por el tráfico a España), que fueron detenidos en un procedimiento local antidrogas. Desconfianza española. En las dos primeras audiencias, ya declararon seis testigos, todos en dirección al fenomenal contrabando de drogas que se realizó hacia Europa. En total, los mil kilos de cocaína tenían un valor de mercado en Europa que orillaban los 35 millones de euros.Allende permaneció prófugo hasta junio de ese año, cuando fue detenido en una clínica de Córdoba.Durante su testimonio, tanto el fiscal Maximiliano Hairabedian como los abogados Tirso Pereyra y Pablo Bastos, hicieron hincapié en intentar determinar en qué momento la droga pudo haber sido subida a los contenedores que trasladaron los molinos de viento desde Córdoba hacia el puerto de Buenos Aires, trayecto en el que fue introducida.Ayer, cuatro de los cinco testigos, empleados de la Aduana que realizaron el control de la carga en Córdoba, negaron haber visto las cajas donde luego se comprobó que iba la droga. De todos modos, uno de los controladores testificó que le habían comentado que existía un método para violar precintos. Consistía en quitar los pernos, retirar las puertas sin sacar el precinto, y luego volver a colocarlos, soldándolos con un químico especial que no deja marcas de la intervención.Tras estos testimonios, el fiscal Hairabedian y los abogados defensores solicitaron una pericia a un contenedor al que se le sacara un perno para comprobar si de esta manera se puede violar su abertura. También, se podrá determinar si lo que dijo el otro controlador también podía ser factible, y Hairabedian solicitó si se podía evaluar la existencia de un químico que permitiera modificar el aspecto de algo recién soldado.Más información- Fondo de inversión para drogas

