La libreta de fiado de la almacenera fue su perdición
La dueña de una despensa fue asesinada a golpes. Un joven que le debía $ 685 quedó detenido y habría confesado el crimen.
Tirada en el suelo, boca arriba, con golpes en la cabeza. Así fue encontrada asesinada la dueña de una despensa, de 86 años, en la ciudad de Villa Allende. Antes de escapar, el asesino manoteó unos 50 pesos que había en la caja registradora. Pero lo que se olvidó fue la prueba clave que terminaría casi aclarando el crimen: un cuaderno donde la comerciante anotaba las deudas de sus clientes y que quedó abierto justo en la letra "T". En esa hoja había personas tachadas y sobresalía una que debía 685 pesos. Ese joven fue localizado rato después por los policías. Se trata de un vecino de 21 años, quien tenía sus ropas manchadas con sangre y su apellido, oh casualidad, empezaba con "T". Martín David Trillo, reza su DNI.Al verse cercado por las pruebas, el muchacho "se quebró" ante los investigadores de la División Homicidios y del CAP 10 y habría admitido el crimen. Así lo confirmaron fuentes del caso, quienes indicaron que el joven dijo que golpeó a la mujer con una piedra y una lata de conserva. "Contó que la comerciante le reclamaba siempre la deuda que tenía. Esta vez, la discusión se tornó insostenible y la terminó golpeando", indicó una alta fuente de Homicidios. "El muchacho fue a hacer compras para el desayuno y ella le recriminó porque era comienzo de mes y debía plata", añadió otro vocero.Haydé Vavasoria de Sarmiento (86) vivía sola en una casa de calle Pablo Cabrera al 380, del barrio San Clemente de Villa Allende. "Pocha" tenía una humilde despensa desde hacía años. Harta de los robos, había puesto rejas por todos lados y, según vecinos, no le abría a desconocidos. Pero Martín Trillo, el ahora detenido, era bien conocido para ella. El muchacho, desempleado, vivía con su pareja e hijo a unas tres cuadras. "Cómo no va a ser conocido si le debía plata", dijo un pesquisa, quien explicó que el sospechoso fue a comprar facturas, leche y cigarrillos.El crimen fue a la mañana. Todo se descubrió a las 10.30, cuando una hija de doña Pocha volvió de yoga y entró al comercio. Su madre yacía muerta al lado del mostrador. La caja registradora estaba abierta. Horrorizada, corrió por ayuda.Sin testigos del crimen, la pesquisa parecía empantanada –en los primeros minutos– para los policías. Sin embargo, las cosas cobraron rumbo cuando vieron el cuaderno con anotaciones, abierto en la letra "T". Además, estaba anotada y remarcada la deuda de 685 pesos con el nombre de una persona.Tras averiguar dónde vivía, los policías fueron al domicilio y hablaron con su madre, quien les dijo que se había ido a la despensa. "Otra casualidad", pensaron los policías. La búsqueda se amplió por la ciudad y culminó cuando vieron al joven Trillo caminando cerca del Registro Civil. Llevaba un buzo y zapatillas manchadas con sangre, según testigos. No corrió ni se resistió. Minutos después, según las fuentes, contaría todo. Fue imputado por homicidio y llevado a Bouwer.

