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Juguemos a masacrar y a idolatrar

Cuando ya se permitió entrar a 400 mil personas a un predio que no lo tolera, es tarde para cualquier previsión que se tome.

14 de marzo de 2017 a las 12:01 a. m.
Juguemos a masacrar  y a idolatrar

Se sabía: podían pasar tres recitales más del Indio Solari sin que hubiera más que los heridos y los intoxicados de siempre. Y las crónicas sólo habrían aludido a la colorida “misa ricotera” que copó Olavarría y a la cantidad récord de latas de cerveza vendidas.

CANAL ESPECIAL. El Indio en Olavarría

Pero eso no sucedió.

Hubo dos muertos. Muchos heridos. Caos y desbordes que podrían haber engrosado aun más los números de estas fatalidades.

Como sea, el saldo es triste, más allá de la responsabilidad que le quepa a cada cual. Más allá de lo que se opine del Indio, de lo que haya dicho o de lo que calla.

Las lecturas de la tragedia son múltiples, pero es inútil condenar a un culpable –o a varios– hasta que la Justicia lo determine. Sí se puede contar qué rol jugaba cada uno de los actores que debían organizar el recital y qué responsabilidad les cabía según lo pactado, tal como ensayamos en el Primer plano de esta edición. Pero el resto lo decidirá la Justicia.

Merece un análisis aparte el papel de algunas agencias y medios que aventuraron muertes (llegaron a decir entre 7 y 10) y explicaciones que resultaron falsas. Eso acrecentó el pánico de familiares.

Pero esa grave falla periodística no borra todo lo que sucedió.

Podemos masacrar o idolatrar al Indio, exigir la renuncia del intendente o pensar en absurdas teorías conspirativas nacidas de las grietas inútiles. Pero eso también nos libra de pensar en las cosas que naturalizamos y dejan de importarnos hasta que hay un muerto o hasta que el destino nos da la oportunidad de aniquilar a quien no nos simpatiza.

Cuando ya se permitió entrar a 400 mil personas a un predio que no lo tolera, es tarde para cualquier previsión que se tome. Todos merecían disfrutar del espectáculo. Y hubiera sido posible, tal como se describe en página 6.

Al margen, queda por revisar la hipocresía de arengar a la multitud a cuidarse del alcohol mientras se lo prohíbe en el predio pero sólo para venderlo más caro adentro.