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El martes fallan en el juicio a presuntos amantes homicidas

Juzgados por la muerte del esposo de ella, un ­expoli­cía, tendrían abun­dantes pruebas en su con­tra. La mujer puede reci­bir prisión perpetua, él, 13 años.

29 de abril de 2014 a las 12:01 a. m.
El martes fallan en el juicio a presuntos amantes homicidas
En el banquillo. Los acusados al llegar ayer a la audiencia (La Voz / Pedro Castillo).

Si se confirma la hipótesis de la investigación y la prueba ventilada durante el debate oral, el crimen del suboficial mayor retirado de la Policía Juan Manuel Villalba (62) sería el típico caso de un asesinato planeado por una mujer y su amante para cobrar el seguro de vida y al mismo tiempo blanquear su relación clandestina.

En esos términos lo entiende el fiscal de la Cámara 2ª del Crimen Raúl Gualda, quien pidió prisión perpetua para Mirta Susana Acuña (34) y 13 años de prisión para quien sería su amante, el remisero Walter Gustavo Torres (42).

De acuerdo a la argumen­tación del acusador, ambos se habrían puesto de acuerdo para matar a Villalba mientras dormía en su propia cama matrimonial.

La veracidad de esta acusación quedará al descubierto el martes próximo cuando se escuche la última palabra de los acusados y el tribunal pase a deliberar.

El hecho

El asesinato se produjo el 15 de mayo de 2009 en la ciudad de Río Segundo. La víctima desapareció ese día y pocos días después fue hallado su cadáver en un descampado, gracias a un llamado anónimo que, según la acusación, habría efectuado el propio Torres.

El entrecruzamiento de conversaciones telefónicas y mensajes de texto (sms) parece haber sido crucial de acuerdo a la prueba revisada durante el juicio, cuyo debate es conducido por Ítalo Vitozzi (presidente) y del que también participan los vocales Eduardo Valdés y José Pueyrredón.

No sólo se han verificado llamadas entre los dos acusados, mediante sábanas telefónicas de las compañías y otros recursos técnicos, sino que también estaría probado que fue Torres quien hizo el “llamado anónimo” para que la Policía encuentre el cadáver.

Esto, a su vez, coincidiría con el “móvil” del crimen que manejó la investigación, que sostiene que era preciso encontrar el cuerpo para que la compañía de seguros abonara el resarcimiento a la viuda.

Los “amantes” se habrían puesto de acuerdo para matar de un disparo a la víctima que dormía en su cama conyugal.

Relación preexistente

Acuña, 28 años menor que ­Villalba, se casó en marzo y dos meses después se produjo el crimen.

Durante el juicio habría quedado probada la relación preexistente entre la mujer y Torres, por dichos de las hijas del primer matrimonio de ella y por un operativo policial que una noche los encontró juntos en un auto, desnudos.

El cadáver habría sido conducido en un Ford Ka y fue hallado con una funda de sábana cubriéndole la cabeza. Esa pieza fue reconocida por el exmarido de Acuña y otra testigo como perteneciente al matrimonio.

También hay pericias quí­micas, como la prueba del ­“luminol”, que detectó abundantes rastros de sangre en la casa del matrimonio, el Ford Ka y otros lugares.

Entre la acusación y el alegato fiscal cambió la carátula de homicidio calificado por el vínculo y por el uso de arma de fuego. Para Gualda, el crimen es calificado por el vínculo y por alevosía, ya que consideró que el suboficial mayor retirado estaba dormido.

También el acusador en el juicio cambió la responsabilidad al no hallar determinadas pruebas en contra del remisero. A él no le solicitó perpetua, sino 13 años de cárcel.

Por su parte, el abogado ­querellante Carlos Nayi, quien ­representa a los cuatro hijos

de la víctima, pidió por su parte la pena de prisión perpetua para la mujer y el hombre, al considerarlos supuestos responsables del delito de homicidio agravado por el vínculo y el uso de arma de fuego. Por otra parte, pidió una indemnización

por 320 mil pesos para los hijos del expolicía.

Por el lado de las defensas, solicitaron las absoluciones al atacar determinadas cuestiones, como el no haberse determinado quién efectuó el disparo, la fecha de la muerte y el no haberse hallado el arma asesina, un revólver calibre 32.