El asesino habría simulado un suicidio
Un hombre que vivía en una zona rural apareció colgado de un árbol, pero las pericias posteriores determinaron que lo habrían matado a golpes de piedra.
Yeguas Muertas (Cruz del Eje). En este inhóspito e inaccesible paraje, cercano a Villa de Soto, en el noroeste provincial, al cual sólo se puede acceder caminando por una huella luego de transitar dos kilómetros desde la ruta nacional 38, se desató el cruento homicidio de un hombre al mejor estilo de una novela policial.
El caso está en manos de la Fiscalía de Instrucción de Cruz del Eje, a cargo de Martín Bertone, que al momento caratuló la muerte de etiología dudosa.
Pero las cuestiones, desde que fue descubierto el cadáver de Mario López (70) el jueves pasado en horas de la noche, ya transitan otros carriles y el cambio de carátula sería inminente. El sangriento hecho se desató cuando un vecino de López fue a su humilde vivienda ese día a visitarlo y lo encontró colgado de un árbol con una soga. El hombre, como pudo en la oscuridad, desandó el camino y dio aviso en la Comisaría Distrito de Villa de Soto.
Desde un primer momento, a los policías no "les cerró" la hipótesis de un suicidio a pesar de que el lugareño pendía de un árbol a 250 metros de la vivienda que habitaba en soledad. Encontraron un reguero de sangre en las inmediaciones y a sus pies. Fue el primer pantallazo alumbrado sólo por linternas esa noche; las primeras luces del día y el transcurso de las horas comenzaron a develar el drama paso a paso.
Una meticulosa investigación por parte de efectivos de las divisiones Investigaciones y Criminalística de la Unidad Departamental Cruz del Eje, fue atando cabos y la autopsia a la cual fue sometido López les dio la razón: había muerto por salvajes golpes en la cabeza (tenía un profuso sangrado craneal, de nariz y boca) y no por asfixia. No sólo se había recogido esa sangre para su análisis, sino también huellas dactilares que no pertenecían al occiso.
A pesar de no haber sido encontrada, hay certezas de que el arma homicida fue una de las típicas piedras con filo de la región. El móvil fue determinado al revisar el desordenado ámbito de la vivienda que habitaba el hombre. Faltaban variados elementos, además de 700 pesos en efectivo, fruto de la venta de un ternero realizada el día anterior, según testigos, más el monto de su jubilación, cobrado recientemente.
Fue suficiente para que la fiscalía ordenara el viernes pasado ocho allanamientos en las inmediaciones, basándose en diversas testimoniales. Trascendió que una de ellas fue positiva.
El comisario mayor Miguel Cáceres, jefe de la Unidad Departamental, sólo consignó que "el hecho existió, para nosotros está esclarecido. Aguardamos una detención en las próximas horas", sin agregar más detalles sobre el sangriento episodio.
Mario López habitaba desde hacia años la alejada región, dedicado a la crianza de animales vacunos. Sus familiares, radicados en la ciudad de La Falda, en Punilla, le habían insistido para que se radicara en ese lugar, ante la lejanía y la soledad del paraje en que residía a solas.

