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De seguridad, aptitudes y sillas giratorias

La inseguridad y el narcotráfico se extienden en Córdoba y no se resuelven con anuncios ampulosos, ni con marketing de manuales, ni con frases que hace tiempo dejaron de engrupir. El vecino sufre al delincuente a cualquier hora, en cualquier sitio. 

13 de julio de 2015 a las 12:01 a. m.
De seguridad, aptitudes y sillas giratorias

No por obvio o reiterado, aquel viejo dicho de que no se puede tapar el sol con un dedo, deja de perder actualidad. La inseguridad y el narcotráfico se extienden en Córdoba y no se resuelven con anuncios ampulosos, ni con marketing de manuales, ni con frases que hace tiempo dejaron de engrupir. El vecino sufre al delincuente a cualquier hora, en cualquier sitio. Al mismo tiempo, la Policía sigue sin hacer bien su trabajo, no entra a ciertos barrios, atrapa a "perejiles" y no a los "peces gordos", abusa del Código de Faltas, no hace inteligencia ni prevención adecuadas, reacciona a destiempo y desarrolla su misión, en muchos casos, de forma desarticulada con la Justicia. Los móviles no alcanzan y los que están se rompen o queman por falta de mantenimiento. Las cámaras de seguridad hoy son adornos.Y el vecino sigue viendo de qué forma, como piezas que van cayendo, van pasando y pasando funcionarios por el área de Seguridad de Córdoba sin desarrollar un trabajo serio, a futuro, con criterio, con conocimiento, fuera de la publicidad y los meros anuncios. Ineptitud e improvisación han caracterizado a muchas de las últimas gestiones en esa cartera. De por sí, que alguien no preparado en criminalidad esté al frente de Seguridad es como que un arquitecto o un oceanógrafo dirija Salud.La última figura caída es Walter Saieg y ya no importa si se fue por decisión propia o si lo echaron. El cortocircuito que tenía con el jefe de Policía, Julio Suárez (aún en su cargo), era insostenible.En los últimos años, por Seguridad han ido desfilando distintos funcionarios a los que el cargo les quedó grande, demostraron no estar a la altura de las circunstancias y, si duraron en sus sillones, fue por la tozudez de su jefe máximo, más que por capacidades o trabajo para el vecino. Saieg, Carlos Massei, Carlos Caserio, Sergio Busso, Alberto Bertea, Jorge Montoya, Jorge Rodríguez son algunos de los que llegaron a manejar la Policía, disponer de enormes presupuestos y dirigir políticas contra el delito. Y así salió.Para peor, los más capacitados para la tarea tampoco tuvieron un paso feliz por el ministerio. Alejo Paredes se fue tras el narcoescándalo; Alejandra Monteoliva terminó echada tras el acuartelamiento y los saqueos.La nueva ficha en Seguridad es el novel abogado Marcos Farina, quien viene a las corridas desde Río Cuarto para apagar el fuego. O nos sorprende, o será uno más.Mientras, el sol sigue allá arriba y aún hay quienes levantan el dedo para taparlo.