Chile: los mineros rescatados volvieron a la mina
Un grupo de los 33 mineros regresaron al campamento Esperanza donde participaron de una misa.
Los primeros mineros de los 33 rescatados el 13 de octubre pasado, tras 70 días enterrados a 700 metros de profundidad en el yacimiento San José, en el norte de Chile, regresaron hoy hasta el campamento Esperanza donde se ofició una misa.
Los mineros empezaron a llegar temprano y eran esperados por decenas de periodistas locales y extranjeros apostados en el camino de tierra que atravesaba el campamento, hasta la barrera que durante más de dos meses frenó el pasó a todos los que no eran rescatistas.El primero de los operarios en llegar al campamento esta mañana fue Juan Aguilar; más tarde, y escoltados por Carabineros, llegaron Luis Urzúa, Darío Segovia, Alex Vega, Daniel Herrera, Pablo Rojas, Jimmy Sánchez y el boliviano Carlos Mamani, el único extranjero del grupo que, a causa de un derrumbe, estuvo en las profundidades desde el 5 de agosto.
Luis Urzúa, que estaba como jefe de turno el 5 de agosto, cuando un enorme bloque de piedra de centenares de toneladas atrapó a los mineros a 700 metros de profundidad, dijo al llegar al campamento que "es bonito estar donde estuvieron nuestros familiares"."Esto no tiene palabras", dijo Claudio Yáñez consultado sobre qué sentía al ver el campamento y mientras llevaba a su hija en brazos.Algunos llegaron en automóvil, evitando a la prensa, y un puñado en un autobús especial.
El campamento. Del campamento en el que habitaban las familias, que siempre tuvieron fe en que los mineros estaban vivos pese a un segundo derrumbe el 7 de agosto, hoy sólo queda una docena de carpas polvorientas.
Una de las pocas cosas que permanecen intactas son 33 banderas chilenas, cada una con el nombre de un minero, plantadas en un cerro al frente de lo que hasta el miércoles fue una verdadera ciudadela, que llegó a tener unos 3.000 habitantes, de ellos unos 2.200 eran de la prensa.
Hasta los santos abandonan el lugar. La concejala del municipio de Tierra Amarilla, Magaly Cortéz, que llevaba en brazos a San Expedito, "el santo de las causas justas y urgentes", expresó que "espero que esta estatua sirva para un museo en Copiapó o en algún lugar de Atacama"
Una anciana caminaba lentamente levantando polvo como todos los que estaban en el lugar, llevando una frazada bajo el brazo. También se marchaba el payaso "Rolly", que viajó poco más de 1.000 kilómetros, desde Iquique, para entretener a los niños del campamento durante dos meses.
En la única carpa que se observa movimiento está Griselda Godoy, madrastra del minero Carlos Barrios, 27 años, que llegó a buscar su cocinilla, un tanque de gas, ollas, platos y otros utensilios.
"Siento penita, pero igual estoy contenta porque estoy con el hijo de nuevo", expresó. Contó que su pareja, Antenor Barrios, tenía tres hijos y que perdió uno a los tres meses de nacido y el otro cuando tenía 15 años. "Por eso el papá (de Carlos) sufrió mucho, pensó que no lo iba a recuperar", no comía ni dormía.
Carlos vive hace dos años y medio con su madrastra y su padre, quien convive con la mujer hace ya 17 años.
Familiares de otros mineros que no estuvieron atrapados pero a quienes la empresa dueña de la mina les adeuda sueldos e indemnizaciones aprovecharon la visita de sus compañeros al campamento para protestar frente a la prensa el pago de sus salarios e indemnizaciones.

