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Virtudes de la ficción

En los primeros minutos de la película, el mismo Caíto cuenta sin vueltas de qué se trata su enfermedad muscular. 

29 de mayo de 2014 a las 12:05 a. m.
Virtudes de la ficción

Cuántas películas se han hecho para contar, mostrar, ejemplificar cómo se vive con distintas enfermedades. Cientos. Muchas pecan por olvidarse del relato, otras por abundar en golpes bajos, otras por victimizar a sus protagonistas. “Caíto”, la película en la que Guillermo Pfening dirige a su hermano, no cae en ninguna de esas tentaciones.

En los primeros minutos, el mismo Caíto cuenta sin vueltas de qué se trata su enfermedad muscular. Y no vuelve a hablar del tema en el resto del filme, porque ya no es necesario. En adelante, la película no hace foco en ello, sino en el universo que rodea a Caíto: el día a día en el pueblo, la familia, las sesiones de fisioterapia, su novia, el deseo de ser padre.

Con una mirada fundamentalmente amorosa, Guillermo Pfening pone a Caíto en el centro de la escena, con toda su singularidad, su carácter y su cuerpo. Y a la vez que muestra la realidad del backstage, crea un mundo ficcional alrededor del personaje, lo muestra enamorado, enojado, tomando cerveza en una esquina. Esa cotidianidad se matiza con escenas de potencia poética, como aquella en la que Caíto flota en una pileta, mientras sus amigos nadan alrededor creando una energía centrífuga de contención.

Guillermo explicó: “Quería hacer un registro documental, pero a la vez crear un mundo de ficción para Caíto. No uno de fantasía, sino de ficción. Hay mucha emotividad en la verdad del documental, pero también la hay en la ficción, sostenida por el talento de mi hermano”. No es una historia clínica en pantalla grande, sino una película emotiva, honesta, con humor y belleza.