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Sin tironeos

El momento de encuentros espontáneos o no tanto puede generar conflictos en las familias de padres separados o en las ensambladas. El niño no debe quedar en el medio de negociaciones poco amables.

19 de diciembre de 2016 a las 12:11 a. m.
Verónica Sipowicz (*)
Sin tironeos
Dónde festejar. Cuando el niño se enfrenta al conflicto de elegir. (Foto: Martín Baez - Actores Luma Cabrera, María Elena Guerra y Emilio Bado - Teatro María Castaña)

Al acercarse las fiestas de fin de año, es frecuente que afloren problemáticas familiares que quizás permanecieron latentes el resto de año. Es una época de balances personales, de cierre de ciclos, de expectativas cumplidas y no cumplidas, de reproches por lo no realizado, y el momento en que nuestra sensibilidad se agudiza. A veces, un ser querido ya no está con nosotros y eso genera angustia frente a la pérdida.

La soledad de algunas personas, los conflictos familiares, y las expectativas sociales de paz, unión y felicidad que promueve el festejo navideño, provocan una presión y un mayor malestar que en otra época del año.

Los nuevos modelos de familia suelen agudizar la conflictiva. A veces, las ensambladas tienen muchos miembros, padres separados adultos que tienen hijos adultos a veces separados también, que formaron nuevos grupos familiares, y llega el planteo: “¿Con quién pasar cada fiesta?”. ¿Cómo repartirse sin herir susceptibilidades? A veces, forzamos los encuentros y resultan tensos e incómodos.

Es importante que nos detengamos a pensar: ¿dónde ubicamos a los niños en esta conflictiva adulta?   Padres separados que se disputan con quién les toca pasar la Navidad, el Año Nuevo, las vacaciones, dejan a los niños frente a un conflicto de lealtades, teniendo que elegir quién tiene razón o de qué lado estar.

Frente a estas familias que se disputan los hijos y compiten entre otras cosas por quién le hace el regalo más grande, es posible que nos encontremos con niños atorados de juguetes, pero tristes, estresados y sobreadaptados, que lo único que desean es que los adultos nos pongamos de acuerdo.

Estamos a tiempo de ponernos a reflexionar y tratar de llegar a un equilibrio más saludable para todos, acordar sin involucrar a los niños, abstenerse de reuniones que puedan generar conflictos, resignificando las fiestas como una fecha que los pequeños viven como mágicas.

(*) Licenciada en Psicología.