Por qué no usar la palabra “accidente”
Según su acepción más corriente, un accidente es un suceso imprevisto, generalmente desgraciado, que altera la marcha normal de las cosas. Ingrid Waisman.
Según su acepción más corriente, un accidente es un suceso imprevisto, generalmente desgraciado, que altera la marcha normal de las cosas. El término tiene, en nuestra cultura, connotaciones que inducen a una actitud errónea: se piensa que los accidentes son cosas de la fatalidad, del destino, o designios de Dios.
La tendencia científica actual es denominarlos “lesiones no intencionales”. Las lesiones (o causas externas, según la definición del Código Internacional de Enfermedades) pueden ser intencionales –tal el caso de los suicidios y las agresiones–, o no intencionales, como los mal llamados “accidentes”. Estos últimos deben ser analizados racionalmente en cuanto a sus causas y consecuencias, y de este conocimiento, y del convencimiento de su real naturaleza, surgirán los instrumentos para su prevención. En Argentina, durante 2010 fallecieron 10.376 personas por lesiones no intencionales, de las que una cuarta parte eran niños y adolescentes. Estas lesiones representan la principal causa de muerte desde el año y hasta los 34 años. Además de las muertes, debemos considerar la existencia de heridos, de secuelas físicas y psíquicas, el sufrimiento de las familias, y el enorme gasto en salud que conlleva atender a estos pacientes.
Usar con precisión el lenguaje ayuda a comprender el real significado de los eventos. Las lesiones de todo tipo: en el hogar, en la escuela, en el tránsito, se pueden prevenir. Entendiendo estos conceptos, se podrán implementar mejores estrategias que ayuden a evitar las lesiones no intencionales.
Proponemos reflexionar acerca de esta verdadera epidemia que afecta a nuestros niños y jóvenes, entendiendo que todos podemos participar contribuyendo a su prevención y control.

