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Historias de consultorio

Dejo atrás el gol de chilena del “Picante”, el comentario de alguna película o las charlas cotidianas con mis compañeros y me dispongo a comenzar la actividad del consultorio.

27 de marzo de 2014 a las 12:01 a. m.
Héctor Pedicino*
Historias de consultorio

Dejo atrás el gol de chilena del "Picante", el comentario de alguna película o las charlas cotidianas con mis compañeros y me dispongo a comenzar la actividad del consultorio. Por estos días, la sala de espera muestra una paleta multicolor de nuevos uniformes, pintorcitos y zapatos aun brillantes. Están prolijamente peinados hasta los que siempre venían despeinados. Ojitos iluminados por la ilusión y la incertidumbre, comienza una nueva etapa escolar, comienzan a ser grandes. Los certificados de salud, que vienen a buscar, son el testimonio de que el nuevo tiempo es una realidad, marcando el final de las vacaciones para unos y de ser "chicos" para otros. Saludo a las secretarias y llamo al primer paciente. -"¡Clarita!", exclamo y obtengo la mirada cómplice de ella, 5 años, rubia con bucles y muy habladora.-"Hola", me saluda. Y continúa firme: "No quiero palito, ¿sabes?". Y sigue hacia la camilla como si nada.-"Hola", respondo. Si no querés palito, cuando te tenga que ver la boca, ¿la vas a abrir sola? (Traducción: palito es bajalenguas).-"Sí", contesta a secas. Y completa: "Mi hermano es chiquito, porque tiene dos dientes y yo soy grande". Y abre la boca mostrando su dentadura casi completa.-"Hay que comer mucho para ser grande", afirma, evidenciando haber aprendido el discurso que seguramente su mamá repitió mil veces. Cumplo con el pacto y la reviso sin palito. Nos despedimos con un beso. Los dos sabemos que fuimos sinceros y honestos. Uno explicando lo que quiere y el otro accediendo a un pedido. Los niños nos muestran un camino que a veces los adultos olvidamos: hablando la gente se entiende.

*Pediatra