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"Es un milagro que esté hablando"

Dahyana Moyano González. El 25 de noviembre de 2011, al mes de obtener el carné para conducir motos, la embistió un auto que no la vio porque ella estaba detrás de otro vehículo. Estuvo un mes en coma y varios en rehabilitación.

21 de noviembre de 2012 a las 12:02 a. m.
"Es un milagro que esté hablando"

Lo primero que pregunté cuando recobré la conciencia, después del accidente, fue: “Mami, ¿quién entregó mi Bandera?”. Yo finalizaba el secundario, era abanderada, y tenía que entregar la Bandera. No llegué a hacerlo.

El 25 de noviembre cumple años mi mamá y también se cumple un año desde que sufrí un accidente en moto. Y no puedo creer que ahora esté contando esto, es un milagro que esté hablando, caminando, cruzando las piernas.

Mi nombre es Dahyana Moyano González, tengo 19 años, soy de Anisacate y el accidente sucedió cuando tenía 18, a un mes de sacar los carnés de conductor de moto y de automóvil. Dominaba ambos vehículos desde que era chica y por eso quería tener mi propia moto cuando cumpliera la mayoría de edad. Me la regaló mi papá.

Aquel 25 de noviembre fui en moto acompañada de mi hermana, Melisa, a la casa de un amigo que vive a 15 cuadras de mi casa, sobre la ruta, al lado del negocio de mi padre. Iba a buscar la plata para la tarjeta de la fiesta de egresados. Tanto mi hermana, como yo, teníamos casco con la visera baja. Yo iba a muy baja velocidad –no más de 40 kilómetros por hora–, porque estaba llegando a la casa de mi amigo, pero como estaba detrás de otro vehículo, fui embestida por un auto cuyo conductor no me había visto. Yo no sé colear (maniobra por la cual los motociclistas dejan la rueda delantera firme y hacen girar la trasera, llegando al ras del suelo), pero tampoco tuve tiempo de esquivarlo. Las dos volamos.

Generalmente, es el acompañante el que más sufre en este tipo de accidentes, pero en este caso la que resultó más herida fui yo, que entré con la cabeza en el auto a través de la ventana, que estaba cerrada, y por eso tengo cicatrices en la zona del cuello. Mis amigos pensaban que estaba muerta, porque había mucha sangre en el pavimento.

Lo que sé del accidente es por lo que me contó mi familia.

Por el traumatismo, el cerebro se inflamó y había que esperar a que se desinflamara. La lesión me afectó la movilidad de todo el lado derecho del cuerpo, que fue la que tuve que rehabilitar. Mi mamá me cuenta que, cuando estaba en coma, tenía los dos brazos doblados y que cuando llegaba el kinesiólogo yo me ponía automáticamente rígida, como si supiera que me iba a hacer doler, y que cuando se iba, me relajaba. Pero lo que yo recuerdo es que, cuando me desperté, no podía mover el brazo derecho.

Al comienzo, me olvidaba de las cosas y me las tenían que repetir. Alguien me saludaba y al rato yo le decía: “No me saludaste”.

Hoy creo que estuve casi muerta y que me ayudaron mucho las ganas de seguir viviendo. Todo había cambiado muy rápido sin darme cuenta. Al ser adolescente, es un golpe muy grande de la vida que te cambien de golpe todo. Yo estuve dos meses sin saber qué sucedía. En ese tiempo, me cuentan, escupía la comida y mordía para hacerme entender.

Estuve dos meses en forma intensiva en la clínica de rehabilitación y luego seguí en forma ambulatoria. Actualmente, sigo yendo los días lunes y martes. A las tres semanas de estar en Castillo Morales recobré completamente la conciencia. Me miré en el espejo: pelo corto, pañales, silla de ruedas. “Yo no voy a quedar así”, me dije. Son esas ganas de seguir viviendo que mencioné las que me ayudaron, porque en un momento me puse todas las pilas para poder irme.

El primer fin de semana que pude salir, cuando todavía estaba internada, mi abuela, que es súper protectora, me abrió la puerta del auto y quiso alzarme; yo, como quería demostrarle que no era una bolsa de papas, que tenía 18 años y que tenía que aprender de nuevo, la mordí. No podía expresarme de otra forma.

Si tuviera que dar un consejo a quienes viajan en moto sería que usen casco, que gracias a él estoy contando esto, y que cuando se suban a una, piensen en las reglas.

Gracias a Dios este fin de año será distinto, festejaré el cumpleaños de mi mamá, el de mi abuela que es en enero y que el año pasado lo celebró cuidándome. Pienso que es triste que haya sucedido esto para darme cuenta de que tengo una familia de oro, de que no la cambio por nada. Y, para el año que viene, tengo planes, voy a inscribirme para estudiar para martillera pública, quiero hacer muchas cosas.

Un mes estuvo en coma Dahyana Moyano González. Otro mes estuvo en su casa prácticamente inconsciente y dice que se recobró a las tres semanas de estar en la clínica de rehabilitación. Lo primero que recuperó fue el habla y pasó de la silla de ruedas al andador y, finalmente, caminó.