De qué cuidamos a los niños
Niños. La edad pediátrica se extiende desde el nacimiento hasta la adolescencia. Quienes están en ese período son vulnerables a contraer o atravesar situaciones patológicas.
Lo normal y esperable es que el niño nazca y se desarrolle sano. Podrá tener resfríos, tos, quizá episodios de broncoespasmo o que rechace algún alimento. Nada que no esté en los libros como una situación posible para su edad cronológica. También habrá matices en relación con la audacia de sus padres o la relación con sus hermanos, pero si se realizan los controles y se siguen las recomendaciones de especialistas sobre su nutrición –y se lo atiende y brinda afecto– todo tenderá a evolucionar dentro de lo previsible.
Puede haber excepciones: enfermedades o accidentes, y merecerán el debido cuidado y atención. Pero al margen de las posibles complicaciones, desde el nacimiento la criatura necesita atención, cuidados, la mirada del adulto, la supervisión de su desarrollo. Y también habrá un pediatra –quizá acompañado de otro especialista del equipo de salud– que lo acompañará hasta su adolescencia o la edad indicada.
Eduardo Halac, médico pediatra, neonatólogo y profesor Adjunto de Pediatría de la Facultad de Ciencias Médicas (UNC), explica que el período de “recién nacido” o “neonato” ocupa los primeros 28 días de vida posnatal. A partir de allí y durante los 2 primeros años de vida, se los puede calificar como lactantes. “La “niñez” engloba todos estos períodos, además de los siguientes: preescolar (2 a 5 años), escolar (6 a 11), preadolescente (11 a 13), adolescente inicial (12 a 14), adolescente medio (14 a 16) y adolescente tardío (16 a 21). Nadie llamaría “niño” a un adolescente, pero la Pediatría se ocupa de todas estas etapas y, por ende, ese término es abarcativo, pero no del todo correcto, dice Halac.
“Los niños, dejan de serlo en la adolescencia, pero siguen siendo pacientes pediátricos, aunque muchos padres, incorrectamente los “adultizan” y los llevan a otros especialistas, cuando esto es innecesario. Por mucho tiempo, la adolescencia fue tierra de nadie y problema de todos, al menos antropológicamente. Hoy, la Pediatría se ha hecho cargo de esta franja de edades, hasta el final del desarrollo”, añade.
Etapa por etapa. "La edad pediátrica se extiende desde el nacimiento hasta el inicio de la adolescencia. Cada etapa tiene sus particularidades y las acciones de promoción y prevención que se pueden llevar a cabo para proteger la salud de los niños son variadas", explica Marcela Yanover, médica pediatra, del área de Salud Integral del Niño de la Dirección de Maternidad e Infancia de la Provincia.
Un punto importante es que tanto padres y cuidadores, como el equipo de salud, aseguren la concurrencia de los niños a los denominados “Controles de Salud”, con la frecuencia que corresponde de acuerdo a la edad: durante el primer año de vida, el primer control debe realizarse dentro de la primera semana y luego al menos una vez por mes; entre el primer y segundo año, cada 2 meses; del segundo al tercer año, cada seis meses, y desde los 3 a los 6 años, una vez al año. Esta frecuencia puede variar según el criterio del pediatra que atiende al niño.
Yanover recuerda que al alta de la maternidad, y en el primer control de salud, es fundamental asegurar que los cuidadores comprendan que la lactancia materna es el mejor y único alimento que el bebé necesita durante los primeros 6 meses de vida. Que luego de los 6 meses es importante la incorporación de otros alimentos de manera oportuna, en cantidad y calidad suficiente sin abandonar la lactancia materna. También enfatiza que se debe cumplir con el calendario obligatorio de vacunas para el recién.
Recomendaciones para bebés. El bebé debe dormir boca arriba hasta el año de edad, para reducir el riesgo de muerte súbita del lactante y vivir en un ambiente "libre de humo". Los padres y pediatra se deben asegurar de que se le extrajo material para el screening metabólico neonatal (análisis del talón), y que se le realice la Oto Emisión Acústica durante el primer mes de vida (estudio para detectar precozmente problemas de la audición).
Aún con esos y otros cuidados, la criatura igual puede alguna vez enfermarse. Durante la infancia, suelen presentarse infecciones respiratorias, principalmente en el período invernal. Para proteger al niño de estas y otras patologías, en primera instancia hay que garantizar la lactancia exclusiva materna durante los primeros seis meses de vida.
Para evitar enfermedades respiratorias, hay que resguardarlos del humo del tabaco y no deben tomar contacto con personas enfermas. Además, deben desarrollar el hábito de lavarse las manos y los ambientes en los que permanezcan debe estar ventilados. Si el niño se agita, se le hunde el pecho, está muy irritable o somnoliento o no se alimenta, se debe realizar una consulta al médico.
Dentro de las patologías más comunes se encuentra también la diarrea. Como protección, hay que utilizar agua segura, lavar frutas y verduras e higienizarse las manos antes de preparar e ingerir alimentos. Si hay un bebé en la casa, se lo debe cambiar en un espacio diferente al lugar en que se cocina y tirar los pañales descartables dentro de una bolsa en el tacho de basura. Si es posible, separar los desechos. En esta enfermedad, los síntomas que obligan a acudir al médico son los vómitos, la falta de tolerancia por parte del niño para ingerir líquidos o alimentos, la presencia de sangre en la materia fecal, estado de ánimo decaído o irritable o si tiene la boca seca o llora sin lágrimas.
La escolarización –o la institucionalización previa en guarderías– vuelven más frecuentes, por contagio, las afecciones gastrointestinales, en oídos, garganta y virales. También es recurrente la pediculosis. Por su parte, el síndrome urémico hemolítico está asociado a la falta de control de la cocción de carnes o de la compra en lugares que no cumplen con los estándares exigidos.
En el caso de la anemia por deficiencia de hierro, la prevención comienza desde el embarazo, porque es la propia futura mamá la que debe evitar padecer ese cuadro. Luego del nacimiento, las estrategias para prevenirla en el niño son, además de la lactancia materna, la suplementación con hierro en gotas a partir de los cuatro meses, o antes, según indicación del pediatra y la incorporación de alimentos ricos en hierro a partir del sexto mes, de manera adecuada y oportuna, y en cantidad y calidad suficiente.
“La idea de que el agua potable y las vacunas cambiaron el mundo es indiscutible. Actualmente, hay vacunas para gran cantidad de enfermedades: tuberculosis, polio, difteria, tos convulsa, sarampión, papera, varicela, infecciones graves por neumococo y meningococo, entre otras. El tema es que la mayor parte de la población de niños debe bien vacunada”, apunta Bernardo Calvo, pediatra y neonatólogo del Sanatorio Allende.
Adolescentes. Un párrafo aparte merece la adolescencia. Según las diferentes interpretaciones, una persona abandona ese periodo cuando las características de los estadios de madurez sexual (apariencia de los genitales externos) alcanzan el formato adulto, que corresponde al grado 5 de la mundialmente usada escala de Tanner. Otros autores hacen hincapié en la formación más estructurada del psiquismo y personalidad, que puede observarse alrededor de los 20 o 21 años. Por último, algunos señalan que la niñez-adolescencia debería concluir recién con la erupción de los llamados terceros molares (muelas del juicio). Lo cierto es que en esta etapa, además de virus y bacterias, comienzan a presentarse situaciones nuevas a partir del consumo o exposición al tabaco o al alcohol, a algunas drogas, y el inicio precoz de la actividad sexual que puede traer implicada alguna enfermedad de transmisión sexual, o un embarazo no deseado.
Lesiones no intencionales. Otro aspecto a tener en cuenta es el de las lesiones no intencionales, mal llamados "accidentes". Los riesgos varían con la edad y hay que adecuar la prevención. La consulta pediátrica es el momento ideal para que el profesional anticipe a los padres qué cuidados deben tomar para evitarlos mediante medidas de promoción y prevención, como revisar los espacios donde juegan y permanecen los niños.
El cuidado debe ser permanente. En adolescentes, además, pueden generarse situaciones de riesgo en la calle o estar relacionados con su entorno, por eso siempre se demanda la mirada atenta del adulto, y el diálogo y la comunicación para prevenir e informar.
Vulnerabilidad. Existen situaciones que exponen a los niños y jóvenes a mayor riesgo. "A la falta de empatía, amor y cuidado intrafamiliar, se suman la soledad, la falta de diálogo, y el abandono, que no siempre es dejarlo solo en la calle, sino en el hogar, cuando los padres necesitan muchas horas de esfuerzo laboral", enumera Halac.
Calvo enfatiza que los niños más pequeños son muy vulnerables al abuso infantil, que en esa etapa son muy prevalentes en todas sus formas (psicológica, física, sexual, nutricional).
Algunas veces, los niños manifiestan a través de su cuerpo otro tipo de dolencias que, tras una investigación, pueden develar que están expuestos a malos tratos. No es fácil de detectar y requiere de estudios más profundos a partir de un síntoma o malestar. En estos casos, los médicos suelen observar atentamente a la estructura familiar y evaluar las apreciaciones de madres y padres, además de realizar un riguroso examen clínico.
Despedida. Los chicos suelen entablar una relación muy particular con su médico pediatra, y después les cuesta despegarse. "En general, los pediatras vemos varones hasta grandes. En cambio, las niñas desaparecen y buscan pediatras mujeres o clínicas por un tema lógico de la edad. Pero aproximadamente el paso a clínica médica es a los 15 o 16 años", concluye Halac.
Más información

