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Cuando el problema se traslada al aula

La escuela es un espacio complejo en el cual los sujetos se configuran en una trama vincular y relacional, en la que los otros (pares y adultos) cumplen un papel fundamental, posibilitando u obstruyendo la construcción de la identidad de un sujeto. 

13 de agosto de 2014 a las 12:01 a. m.
Mariana Etchegorry*
Cuando el problema se traslada al aula
Factor coadyuvante. Emociones como la angustia pueden estar asociadas con los tics.

La escuela es un espacio complejo en el cual los sujetos se configuran en una trama vincular y relacional, en la que los otros (pares y adultos) cumplen un papel fundamental, posibilitando u obstruyendo la construcción de la identidad de un sujeto. Un niño con tics (en cualquiera de sus manifestaciones) se encuentra enfrentado a las más variadas situaciones difíciles en esa trama social. Los tics son un conjunto de movimientos involuntarios, simples o complejos, con diferentes grados de manifestación, pero que siempre involucran una combinación de componentes genéticos y psicológicos.

Descripción

Hay una gran variedad de clasificaciones, pero la definición más concreta es la que dice: “Los tics son movimientos repetitivos, estereotipados, involuntarios, bruscos, inoportunos, intempestivos, no propositivos y absurdos” (Fernández Álvarez, Campistol, & Vidal, 1987). Esta descripción permite dimensionar lo complejo de su manifestación, que siempre tienen relación con el impacto que provoca en el entorno social. No siempre se asocian con problemas de aprendizaje, pero en general quienes los tienen exhiben además personalidades vulnerables y lo que manifiestan tiene algún grado de compromiso psicológico.

Así como su etiología es compleja, es complejo también el abordaje y en la escuela también estará comprometido el aprendizaje, tal vez no desde la cognición, pero sí en relación con lo subjetivo y social, las cuales constituyen también dimensiones del acto de aprender.

La primera medida es analizar la reacción de los adultos significativos: padres y docentes. Muchas veces, la presión para que deje de realizar el movimiento involuntario genera justamente que dicha manifestación se agrave e incluso se prolongue en el tiempo. Mientras que si los adultos aprenden a considerar la involuntariedad de la acción, y son capaces de diferenciar que el niño no es responsable, podrán ocuparse en generar condiciones para que pueda superarlas.

Las estrategias para ayudar al niño abarcan desde el respeto de sus tiempos –y sin enfocarse en el tic–, hasta brindar la atención terapéutica necesaria para cada ocasión (siempre primero descartando condiciones físicas, para luego propiciar un abordaje psicológico).

Más allá de las decisiones médico-profesionales, en la escuela recaerá la responsabilidad de acompañar a la familia, y de realizar un seguimiento del niño en relación con el vínculo con sus pares. Como toda expresión “diferente”, puede generar reacciones de burlas, que no sólo socavan la autoestima del niño, 
sino que propician, como mencionamos, un aumento de la tensión nerviosa que posiblemente agudice el síntoma.

Abordaje

La decisión en relación con las acciones a desplegar es variada, y requiere de un análisis complejo. No hay una “receta” para una situación como esta. He observado casos complejos, que requirieron seguimiento, trabajo con padres que no terminaban de asumir la condición de su hijo (en busca permanente de una solución mágica que no los involucrara); y con grupos de niños que usaron la diferencia para acosar al alumno que tenía tics (lo que implicó intervenciones para que el niño expresara que le pasaba, y pudiera hablar de lo que sentía cuando se burlaban de él).

Otros, no menos complejos, pero en los cuales el trabajo en equipo con profesionales, docentes y padres, posibilitó que en el término de algunos meses se resolviera la situación, sin que se requiriera más intervención que la de la docente explicando al grupo la situación junto al niño. En este caso, claramente, los adultos no se preocuparon, se ocuparon y se comprometieron con las observaciones de los profesionales.Lo cierto es que, como en todo acontecer en la escuela, las manifestaciones diferentes requieren de una mirada del adulto responsable, paciente y, sobre todo, respetuosa del otro. En tanto y en cuanto esto se logre, incluso los pares podrán vincularse de otra manera con el niño.

*Licenciada y especialista en Psicopedagogía, docente del Instituto de Educación Superior Domingo Cabred