Con padres contenidos, los hijos sanan mejor
Nuevo enfoque. El especialista en terapia intensiva pediátrica destaca la importancia de ponerse en el lugar del paciente y su familia a la hora de la atención.
Eduardo Schnitzler es un pediatra de larga trayectoria a quien, como director médico del Hospital Universitario Austral de Buenos Aires, le ha tocado firmar los partes sobre el estado de salud de la presidenta de la Nación cuando estuvo internada en más de una ocasión. En su rol de conductor del establecimiento, también realiza tareas glamorosas, como vestir de smoking para las galas que conduce la exmodelo Valeria Mazza a beneficio del servicio de Pediatría del hospital.A fines de octubre visitó en Córdoba el Sanatorio Allende, donde disertó sobre "Desarrollo y debate en terapia intensiva pediátrica" y fue entrevistado por La Voz del Interior . –¿Cuáles son los aspectos sobre los que gira el debate actual en pediatría? –Diría que los cuidados centrados en el paciente y la familia. Esto va más allá de un eslogan, es toda una filosofía que implica ponerse en el lugar del paciente y tratar de ayudarlo, junto a la familia, para que la experiencia que tienen que vivir cuando llegan a un hospital sea confortable y que el paciente se encuentre acompañado y cuidado. Los médicos podemos curar algunas veces, aliviar muchas, pero siempre tenemos que acompañar, y en esto las enfermeras cumplen un rol central al lado del paciente. Quizá otro punto que hay que poner en debate es la importancia de la calidad y seguridad del paciente.
Esto está adquiriendo mucho desarrollo, no sólo en cuanto a lo que las instituciones pueden hacer al respecto, sino que además, es necesario medir esas variables, tener objetivos y ver cómo se progresa. También hay que tener en cuenta la participación del propio paciente en el cuidado, para lo cual se requiere tener un familiar educado en aspectos de la medicina que le permitirán contribuir a que su hijo se recupere mejor. –Hace poco trascendió el caso de un niño de 14 años con una enfermedad terminal, que estaba informado sobre sus derechos y decidió, a pesar de los deseos de los padres, que no continuaran con los tratamientos porque quería regresar a su casa para morir cerca de los amigos. ¿Cuál sería su postura? –Que la medicina y sus recursos son muchas veces una opción, no una obligación. Por supuesto, con cierta proporcionalidad: si un niño de 14 años tiene una apendicitis y no se quiere operar, habrá que convencerlo de que debe operarse. Pero en el caso de enfermedades terminales o que el costo emocional de los tratamientos en relación al beneficio posible, son de un margen muy estrecho, hay que escuchar al paciente, atenderlo como persona y tratar de que llegue a eso que lo ilusiona. –En la tarea de contener a la familia, ¿cómo es la relación con el paciente pediátrico cuando no puede hablar? –No es sencillo. La relación depende de la edad de los chicos. Cuando nos formamos como pediatras, vemos que hay que acercarse con cuidado, por la periferia, tomando la manito, de a poco, ganando su confianza y siempre hablándole con afecto. Por supuesto que con el paciente pediátrico es muy importante la familia. Si uno contiene adecuadamente a la mamá y al papá, les explica y comprende las circunstancias de inestabilidad y de angustia que viven ante una situación aguda, esto ayuda mucho. –En un hospital de gestión privada y con la infraestructura y tecnología con que cuenta el que usted dirige, ¿es más rigurosa la seguridad y calidad en la atención del paciente, en comparación con los hospitales públicos? –La medicina no debe dividirse en hospitales públicos o de gestión privada. Los hay muy buenos en ambos casos y también los que no lo son. El objetivo es que en nuestro país todos tratemos de hacernos responsables de mejorar una salud más equitativa. Esto significa que todos los hospitales deben ser cada vez mejores. –¿Cómo fue la experiencia de atender a la Presidenta? –La relación fue excelente, pusimos lo mejor de nosotros como tratamos de ponerlo en todos los pacientes. El equipo médico de la Presidencia tuvo una relación muy cordial con nosotros. –Muchas veces, para los centros asistenciales es un problema atender a alguien famoso. –Sí, pero en general, lo que percibimos cuando estuvo internada la presidenta como cuando vino otras veces, fue una enorme prudencia en la razonabilidad de lo que se solicitó. A veces un deportista famoso puede tener más exigencias que la propia presidenta.

