Agosto, desafío para niños alérgicos
Polvillo ambiental. Este mes, continúan las bajas temperaturas y comienzan los vientos fuertes. Cuidado con los lugares cerrados de resguardo.
estamos en agosto, una etapa difícil como todos los meses de otoño – invierno para la gran mayoría de los niños con alergia respiratoria. Si bien ésta es relacionada comúnmente con la primavera, la época de más síntomas en niños con rinitis alérgica y asma bronquial es aquella con temperaturas bajas. La causa más común de estas enfermedades son los ácaros del polvillo ambiental, en inglés denominados " house dust mite ". Estos pequeñísimos insectos, imperceptibles para el ojo humano ya que miden alrededor de 300 µm, se alimentan exclusivamente de piel humana, que sin darnos cuenta a diario perdemos. Se encuentran en mayor número en los lugares que por más tiempo habitamos y donde pueden resguardarse mejor de los cambios de temperatura. En su cuerpo, restos del cual inhalamos cuando mueren, y en su materia fecal, están presentes las proteínas que en un paciente genéticamente predispuesto para desarrollar alergias pueden desencadenar síntomas nasales, bronquiales u oculares. Por tanto, los ácaros son alérgenos intradomiciliarios, por lo que el vivir más horas en la casa en invierno para resguardarse del frío asegura mayor contacto con ellos y, consecuentemente, más enfermedad. Además, los pacientes con alergia suelen tener cierta facilidad para desencadenar síntomas ante estímulos que en condiciones normales no debieran resultar demasiado agresivos, tales como estrés, humo de cigarrillo, ejercicio e infecciones, especialmente virales. Esa condición es conocida como "hiperreactividad bronquial", y en niños de edad preescolar – escolar es especialmente exacerbada por virus, sobre todo por las numerosas cepas del responsable de la mayoría de los resfríos comunes, Rhinovirus (RV). Dicho de otro modo, a partir de resfríos comunes, los pacientes predispuestos a sufrir tos y silbido en el pecho de manera frecuente muestran dichos síntomas por infecciones muy comunes en épocas frías.
Evolución
Algunos de los niños que repiten episodios de obstrucción bronquial desde la lactancia hasta la edad escolar no son alérgicos, y serán capaces de dejar atrás su problema sin tratamiento alguno. Por el contrario, lo padecerán quienes tienen antecedentes familiares de alergia (frecuentemente con historia personal de alergia alimentaria o dermatitis atópica en los primeros años), que suelen haber sufrido bronquiolitis aguda, y que de manera recurrente sufren secreción nasal cristalina, nariz tapada, estornudos, picor nasal, tos, dificultad para respirar, silbido en el pecho, enrojecimiento –lagrimeo– y prurito en los ojos.
Estos pacientes precisan ser estudiados tempranamente a fin de establecer un diagnóstico de la causa de su dolencia e instaurar un tratamiento específico en caso que se justificara, habida cuenta de que no superarán su enfermedad por sí solos ni con medicación. Más aún, mientras más tiempo pase sin control de sus síntomas, se podrán agregar eventualmente complicaciones secundarias a la enfermedad original, como mala calidad de sueño, cansancio diurno, mal rendimiento intelectual y físico, respiración bucal, deformación del paladar, incorrecta implantación de los dientes, disminución de la audición, ausentismo escolar, tos habitual y hasta alteraciones en el humor e imposibilidad de practicar deportes con normalidad.
Paradoja
Mientras en todo el mundo aumenta la cantidad de niños alérgicos, también se incrementan los pacientes no estudiados apropiadamente, no diagnosticados como corresponde, y por lo tanto no tratados como es debido. En ellos, de manera silenciosa pero sostenida, la enfermedad avanza innecesariamente. El manejo interdisciplinario entre pediatría, otorrinolaringología, neumonología, fonoaudiología y alergia e inmunología, con la colaboración de laboratorio y diagnóstico por imágenes resulta trascendental. La complejidad de la evolución de algunos pacientes precisa de un tratamiento integral, en el que diversos especialistas aporten sus conocimientos. Por consiguiente, el trabajo en equipo contribuye a mejorar de la calidad de vida del alérgico y su entorno familiar.
En momentos en que la ciencia avanza a pasos agigantados en diagnóstico precoz, prevención y estrategias de tratamiento probadamente eficaces y seguras, identificar tardíamente al alérgico y privarlo, por tanto, de la posibilidad de vivir y respirar mejor, supone una grave omisión con altos costos para la salud.
Perfil
Juan Sebastián Croce es médico, recibido en la Universidad Católica de Córdoba (UCC), especialista en Alergia e Inmunología, profesor de la Facultad de Medicina de la UCC y director del Instituto Croce Alergia y Asma.

