Viento y soledad en Darwin
El 2 de abril de 2012 no había casi nadie en el cementerio de Darwin.
El 2 de abril de 2012 no había casi nadie en el cementerio de Darwin. Fue un triste recordatorio de lo lejos que estamos. Lejos en todo sentido.
Había una explicación lógica para esta ausencia de familiares y de veteranos. El sábado y el domingo la poca capacidad hotelera de la capital de las Islas estuvo colmada por un chárter que traía a ingleses, norteamericanos, holandeses y sudafricanos. Al no haber alojamiento esos dos días, el viaje se hizo imposible para mucha gente, ya que la estadía obligada, por los vuelos de LAN que comunican las Islas con el continente, es de sábado a sábado. Por la tarde, el único visitante no periodista fue Mark Spratling, un ingeniero de caminos que trabaja para las fuerzas armadas británicas en Mount Pleasant.
Cuando le preguntamos qué lo había llevado a visitar el cementerio argentino, dijo lo siguiente: “Vine porque me preocupó la posibilidad de que no viniera nadie. Es una fecha muy triste pero que debe ser recordada para que la historia no se repita”.
El lunes había estado en Darwin el único familiar que está esta semana aquí, Carlos Alberto Granado, de Alta Gracia. Es hermano de Guillermo Ernesto Granado, cuyos restos yacen identificados en el cementerio argentino.
Carlos cuenta que su hermano quiso venir, a pesar de que cuando lo convocaron hacía un mes que le habían dado la baja. Le dijo a su hermana María Soledad: “Negra, me voy a defender tu Isla”. Treinta años después, su hermano puede llegar a visitar su tumba por primera vez.

