Uno, apurado por irse; el otro, calculador para llegar
En retirada y sin poder, Daniel Giacomino se aferró a esa estrategia como método de supervivencia. Rubén Curto.
Por motivos bien diferentes, en los 80 días que median entre la elección municipal del pasado 18 de septiembre y el recambio de autoridades previsto para el próximo 10 de diciembre, el intendente saliente de Córdoba y su reemplazante han mostrado un perfil bajo respecto de los temas candentes de la administración de la ciudad. En retirada y sin poder, Daniel Giacomino se aferró a esa estrategia como método de supervivencia. Sólo su condición de diputado nacional electo y presto a ocupar una banca –si es que el kirchnerismo no le pide que desista de ese compromiso, para saltar a un cargo ejecutivo– lo pusieron de algún modo en el candelero político.Pero en las últimas semanas su presencia pública bajó varios cambios. La gestión cierra acorralada por las críticas del mestrismo que se apresta a tomar las riendas del municipio y también salpicada de dudas por algunas decisiones (cambio del cospel, concesión de carapantallas, cesión de chapas de taxi) de dudosa conveniencia para la ciudad.Giacomino apenas si se salió de ese molde cuando el Suoem prácticamente lo obligó a poner la cara para pedirle al Concejo Deliberante que le permita contratar ahora a 400 monotributistas y desandar así su postura anterior contraria a los nombramientos de personal.Con un equipo de funcionarios que casi no le tributa lealtad política (varios de ellos ya tienen un pie en otros proyectos) y con su futuro personal asegurado en la Cámara de Diputados, Giacomino hace rato que dejó de mostrarse activo y preocupado por la suerte de la ciudad. La semana pasada, por caso, ni se lo vio por el Palacio 6 de Julio.Cuando Ramón Mestre resultó elegido como su sucesor, el intendente le ofreció colaboración para el traspaso, pero esa novela duró un suspiro y sucumbió frente a la necesidad del radical de diferenciarse.En la transición, Mestre apeló a jugadas de manual. Como pegarse a Giacomino no le reporta absolutamente nada en términos políticos, ni siquiera aceptó sacarse una foto junto al actual intendente.Mandó a su gente a pedir información, mientras él se mantuvo fuera de escena –viajes mediante– y hablando lo mínimo e indispensable sobre su futura gestión. Como los boxeadores que pegan desde lejos, Mestre puso a sus principales colaboradores a criticar la herencia que le dejará Giacomino y adelantó muy pocas de las medidas que él tomará cuando asuma.El intendente electo se ocupó, más bien, de tirarle buena onda a la Presidenta reelecta y a cotizar internamente en la UCR su chapa de ganador, una especie casi en extinción en partido de Alem.A ojos vista, la transición en marcha no se sale del molde de las anteriores: poca colaboración, cero continuidad y muchísimo chicaneo político. Entre un Giacomino apurado en irse y un Mestre que mide al extremo los tiempos para llegar, no debe haber nada más soso e improductivo, en término de gestión urbana, que los 30 días que nos separan del 10 de diciembre.

