Una ciudad estremecida
Fue el Comando Libertadores de América, la versión local de la Triple A, el que desplegó la violencia en aquel verano.
"Los visitantes de la noche han regresado. Los que se conducen en automóviles sin patente, los que portan ametralladoras, los que dicen ser policías. Los que se llevan a hombres y a mujeres hacia un destino conocido que puede ser la muerte. La anécdota siempre es la misma: llegan y se van sin dejar rastro, dejando criaturas abandonadas, padres o hermanos angustiados que al despuntar el alba deambularán por las comisarías con la esperanza de encontrar con vida a sus seres queridos. En Córdoba se ha creado una nueva institución: el secuestro nocturno". ( La Voz del Interior , 9 de enero de 1976) …………………........................................A veces son sólo esas caras muy austeras de gestos y peinadas para la ocasión del documento de identidad: desde allí, las miradas suelen mirar un impreciso punto que acaso no estaba del otro lado de la cámara ni en ningún lugar cierto, salvo en la severa fugacidad del tiempo que, paradójicamente, se ha suspendido en los ojos de ese instante.Otras veces, no sólo son sus respiraciones las que se han detenido, sino también las de las cosas de alrededor: la fiesta, los árboles del fondo, la mesa de domingo, el invierno o el verano en la ropa y en los paisajes. Es la porción más mínima del presente convertida en la eternidad posible de una foto. Esas miradas, en cambio, miran a los ojos que las veían –y que hoy las ven–, mientras las caras se iluminan con gestos, con una sonrisa. ¿Quién hubiera podido presentir que uno de esos efímeros instantes fotografiados quedaría titilando en un presente constante? Arbolito "A ver: ahí está 'Arbolito'. Es bueno ver las fotos porque se siente que estaban vivos, que tenían familia, afectos, que no eran 'paquetes', como los llamaban los represores". Algo así dijo el abogado Claudio Orosz, en la audiencia del miércoles, interrumpiendo su alegato por 20 víctimas del Operativo Moncholos para mirar la imagen proyectada sobre la pantalla ubicada en el fondo de la sala, detrás del tribunal. "Arbolito", José Eudoro del Pilar López, fue una de las víctimas de aquellos secuestros de los que hablaba la cita que abre esta nota.En enero de 1976, apenas los Reyes Magos se fueron de Córdoba, entre el 6 y 8 se ejecutó la "fulmínea operación". "Mediante allanamientos cronométricamente calculados, en 48 detuvimos a 48 delincuentes terroristas". Así lo contó Héctor Vergéz, en su libro Yo fui Vargas , testimonio siempre presente en el juicio. El imputado en la causa fue capitán del Ejército y señalado como el jefe del Comando Libertadores de América; "Vargas" era su alias de represor.Sí, fue el Comando Libertadores de América, la versión local de la Triple A, el que desplegó en aquel verano una violencia, un atropello de derechos y una impunidad tales en su acción que la ciudad quedó conmocionada por el espanto. ("Moncholos" era la manera de llamar a los militantes montoneros que tenía la Policía). A la luz del día Y no sólo fue al desamparo de las tinieblas que echaron abajo las puertas, blandieron tremendas armas y pisotearon todos los derechos, sino también que lo hicieron a la luz del día, incluso en pleno centro frente a las multitudes en su día. Ocurrió en bares, frente a la vieja terminal de ómnibus de Vélez Sársfield al 600, hasta hubo quien pudo reconocer en un camión celular de la Policía que pasaba por la calle 27 de Abril a uno de los detenidos que sería desaparecido, es decir, asesinado. Es decir, aquella exhibición de poder de fuerza exento de responsabilidad, de humillación de la condición humana, hecha en vigencia de las instituciones de la Constitución, aun en un gran deterioro, vino a anunciar que el terror oficial ya estaba en las calles; sólo faltaba un par de meses para la toma del poder total. La advertencia no sólo fue para los militantes revolucionarios, políticos, sociales o sindicales, fue para toda la sociedad. Entonces, las fuerzas de seguridad operaban con el mando del jefe del tercer Cuerpo del Ejército. Córdoba ya no volvería a ser la misma después de que Menéndez le quitó la respiración. Sólo resta rezar Decía el diario: "Para quienes creen en Dios o para quienes creen simplemente en el hombre, sólo resta rezar por la vida de los secuestrados en la última noche o abrigar la esperanza de que los secuestradores tengan un último gesto de indulgencia, si es que aún están a tiempo. Algún día, cuando esta larga noche haya terminado, se escribirá esta historia, pero nunca podrá tener la dimensión trágica con que la estamos viviendo".

