Un ritual que exige promesas, aun cuando sean falsas
Ramón Mestre el jueves prometió poco en su discurso ante el Concejo. Virginia Guevara.
Ramón Mestre el jueves prometió poco en su discurso ante el Concejo. Más bien se concentró en describir la dificultad que implica cualquier cambio dentro de la Municipalidad de Córdoba y en pedir "comprensión". La oposición se declaró defraudada: se espera otra cosa en ese rito anual en que los gobernantes dedican la mitad de sus discursos a autoelogiarse rindiendo cuentas sólo de las cosas que les salieron bien, y la otra mitad a enunciar grandes promesas que no siempre se cumplen. El ejercicio de recordar lo que prometieron los tres intendentes de la fatídica década pasada en sus primeros discursos de apertura de sesiones es revelador. Sobre todo, cuando se comparan esos anuncios con los resultados que después se obtuvieron. Y peor aun cuando se calcula cuánto de todo aquello logró sobrevivir hasta hoy.Un dato los iguala a los tres últimos intendentes. Como Mestre, todos aprovecharon el primer discurso para recordar lo mal que gobernaron sus antecesores. Ni siquiera Germán Kammerath se privó de culpar a Rubén Martí. El 1° de marzo de 2000, Kammerath anunció la apertura de los dispensarios 24 horas, que funcionaron durante su gestión, aunque hoy sólo perduren en esa modalidad los de Ferreyra, Maldonado y Guiñazú. También anticipó las maravillas del "gobierno digital", algo que nadie entendía bien qué era, pero que hoy sí se entiende: ese proyecto dio lugar al contrato con Tecsa, que derivó en una condena millonaria y es la principal amenaza judicial del municipio. Para peor, el sistema informático actual es el mismo, que entonces ya era viejo. El otro gran anuncio de Kammerath fue que, tras la rebaja impositiva del 30 por ciento, todos deberían pagar. Eso no ocurrió jamás: el bache fiscal que dejó esa medida no hizo más que crecer después. La rebaja quedó anulada hace poco, lo que potenció la fuerte suba tributaria de Mestre. El 1° de marzo de 2008, el anuncio saliente del primer discurso de apertura de sesiones de Luis Juez fue que en un plazo de 60 días la ciudad tendría "bache cero". No terminó nunca de arrepentirse de aquellas palabras, porque la red vial no logró un buen estado general en los cuatro años de su gestión, y en la que le siguió, empeoró, hasta llegar a la situación calamitosa de hoy. Juez también anunció, y luego cumplió, la masiva incorporación de ómnibus a la empresa Tamse. Pero en paralelo le sumó a la firma municipal muchos empleados y casi todos los recorridos no rentables, que hoy le demandan unos 100 millones de pesos anuales al municipio. Aquellos colectivos son los que hoy se rompen de a decenas cada día por no haber recibido el mantenimiento adecuado.Hace cuatro años, Giacomino debutaba con una novedad absoluta: el proyecto de un subterráneo francés que le había obsequiado el entonces secretario de Transporte de la Nación, Ricardo Jaime. Después vendría otro proyecto chino, pero el subte no se acercó un paso. El otro anuncio de aquel discurso fue una reforma política prometedora, que el año pasado terminó en un "copiar y pegar" contrarreloj para que la ciudad se sumara a la modalidad de boleta única. Hace tres días, Mestre prometió apenas lo elemental, y aclaró que aun eso es difícil. ¿Tenía que ofrecer cosas irrealizables? La ciudad de Córdoba toleró muchos engaños, pero eso es diferente a exigir nuevas promesas destinadas a ser incumplidas. Lo concreto es que la suba de impuestos apenas cubrirá lo básico, que en los últimos años se quedó debiendo. Con una deuda sideral, un déficit estructural de inversión y gastos fijos de reducción muy improbable –ni el costo de Crese, ni el de Tamse, ni el gasto salarial tienden a bajar–, el margen para prometer maravillas hoy es nulo en el municipio. Encima, se sabe que lo prometido es deuda.

