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Un "per saltum" a las paritarias

El Gobierno cristinista viene cerrando sus últimos años con planes de “sintonía fina”, aunque luego, como 
sucedió con los anuncios de fines de 2011, no se anime a cumplirlos. Adrián Simioni.

11 de diciembre de 2012 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Un "per saltum" a las paritarias

La reunión de ayer con sindicalistas y empresarios fue eso, aunque, por supuesto, no se usó el concepto “sintonía fina” y mucho menos el de “ajuste” (¿se estarán quedando sin eufemismos?).

El Gobierno sabe que, si quiere tener alguna chance de trascendencia, necesita poner un freno a la inflación. Y después de negar durante años que las subas salariales sin vínculo con la productividad terminan formando un círculo vicioso con los precios, quiere desactivar el mecanismo endemoniado.

En los últimos años, la economía dejó de crear empleo (lo creó el sector público, que cobra los impuestos más altos de la historia y no ha experimentado ninguna reforma tendiente a mejorar su eficiencia). Y la suba constante de precios y salarios ha terminado afectando la competitividad. Según el reciente informe de la Organización Internacional del Trabajo, la industria manufacturera ya pagaba en 2010 salarios netos por hora más caros en dólares que los que se pagaban en varios países de la Comunidad Europea, como República Checa (ver infográfico). En los últimos dos años, esos salarios europeos no han dejado de bajar con la crisis del Viejo Continente. Y los argentinos no han dejado de subir en dólares.

La cuestión es quién va a pagar los costos. Guillermo Moreno quiere, aparentemente, resucitar la idea de algún tipo de pacto en el que los gremios acepten moderar sus reclamos y los empresarios prometan no subir precios.

El Estado aportaría también lo suyo: retocaría (¿o eliminaría en busca de un gran golpe de efecto eleccionario?) el Impuesto a las Ganancias sobre el salario para reducir su creciente impacto en los bolsillos.

De manera que lo que previsiblemente pierdan los salarios en relación con los precios sea compensado en parte por una menor carga impositiva. La verdad es que, en lugar de eso, podrían reducir los impuestos al trabajo. Así no sólo alentarían el blanqueo, sino que también beneficiarían a los asalariados en general y no sólo a quienes cobran sueldos relativamente más altos y, por eso, tributan Ganancias. Pero eso es anatema en el catecismo progresista argentino. Impensable.

Los gremios deberían cuidarse. Lo que el Gobierno meta en un bolsillo podría quitarlo del otro. Ese efecto podría tener la reducción progresiva de subsidios a la energía y al transporte como la iniciada finalmente por Axel Kicillof. Igualmente, la menor presión impositiva sobre Ganancias podría ser compensada por impuesto inflacionario si el Banco Central sigue emitiendo al mismo ritmo.

Son variantes del ajuste. Y ayer se empezaron a tantear en una instancia superior –Gobierno, centrales empresariales y gremiales– gracias a una especie de per saltum . Si resulta bien, de allí saldrá algún tipo de corralito dentro del cual negociarán empresas y sindicatos en las paritarias de marzo/abril.