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Un mojón en el inicio de la campaña

Antes de avanzar en el llamado a los políticos, el arzobispo Ñáñez contó con tres estudios diferentes sobre la problemática económica y social.

28 de abril de 2015 a las 12:16 a. m.
Un mojón en el inicio de la campaña

La Iglesia Católica y Acde consiguieron ayer algo difícil de obtener en el fragor de las cada vez más veloces y mediáticas campañas electorales: hacer visible entre candidatos y hombres de negocios el angustiante problema de la pobreza y la falta de empleo acá nomás, en Córdoba. No es que antes nadie haya hablado de estos temas. Con recurrencia, desde ámbitos eclesiales se expresa la preocupación por el flagelo del hambre y la falta de oportunidades en el país. De hecho, ese fue uno de los detonantes del destrato que el kirchnerismo le infringió en su momento al arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio. Hasta que se convirtió en Papa, a partir de lo cual, el giro quedó a la vista.Pero es la primera ocasión en que en un mismo ámbito convergen empresarios y postulantes a la Gobernación para poner en el centro de la escena esta problemática que aparece a pocas cuadras de la plaza San Martín.Carlos Kesman, economista y titular de Acde, estimó que la pobreza alcanza al 27 por ciento de los argentinos, lo que implica que 12 millones de compatriotas "carecen de un bienestar mínimo". Entre ellos, hay 800 mil cordobeses.El desafío de abordar la pobreza y cultivar su inoculante ideal, el empleo, quedó afirmado en el inicio de una campaña relativamente breve de 60 días y donde es poco probable que se vayan a producir debates entre candidatos. Tal vez por este déficit, lo dicho ayer por parte de los postulantes es un mojón que adquiere el valor de compromiso, ya que la generación de empleo exige la preservación y la defensa de algunos principios que, sobre todo durante el último lustro, fueron blanco predilecto de políticas populistas.Acde describió esos factores: seguridad jurídica, independencia judicial, sustentabilidad fiscal, competitividad e inserción internacional, entre otras. Y el arzobispo Carlos Ñáñez, con el aval de tres trabajos académicos diferentes, le dio sustento con palabras simples: "La miseria en nuestro país es un escándalo, por la cantidad de recursos que (el país) tiene", dijo. Está claro: no se trata de administrar la pobreza, sino de combatir sus causas.