Un caño de contradicciones
Fue la falta de crédito, el “default”, lo que forzó a entregarse a China. El chino no era el crédito más barato en la licitación cordobesa. Era el único. Y su único interés era financiar los caños.
Pocas veces quedaron tantas contradicciones expuestas como en la disputa entre la Provincia de Córdoba y el Grupo Techint por el tendido de gasoductos en territorio cordobés. Bienvenido al neoliberalismo Hay, por ejemplo, empresarios que hicieron carrera en el campo nacional y popular que ahora descubren las bondades de la globalización. Es el caso de Gerardo Ferreyra, vicepresidente de Electroingeniería (Eling), una de las firmas que ganaron la construcción de los gasoductos gracias al dumping social chino y en menoscabo de los tubos sin costura nacionales de Siderca (Techint) y la Unión Obrera Metalúrgica (UOM). Bienvenido al libre comercio neoliberal, se podría decir. Pero ya con la licitación de las represas santacruceñas, que también ganó Eling con bancos y fábricas estatales de China, otra industria nacional –la fábrica mendocina de turbinas Impsa– quedó sin futuro. Ferreyra no quiso responder consultas. Aflojale, UOM Por el caño de las contradicciones, también va la Unión Obrera Metalúrgica nacional, que se plegó a la exigencia de que los cordobeses paguen más caros los ductos que necesitan para no dejarlos a ellos sin trabajo, mientras reclama subas salariales de entre 35 y 36 por ciento en el año. Aunque en Siderca hay mil suspendidos desde hace un año. Muchísimos de los cordobeses y argentinos que viven a la intemperie del trabajo ilegal y pagarán esas obras con sus impuestos no pueden ni soñar con cobrar semejantes aumentos. ¿Cómo piensa la UOM competir con China? Industriales A y C La Unión Industrial Argentina (UIA) se plegó rápidamente a Techint, su mayor socio. Oda al proteccionismo. El problema es que hay que elegir qué proteger, porque pretender fabricar de todo es inviable en un país relativamente chico. Implicaría privarse por completo del beneficio del comercio. ¿Dónde están los comunicados que debió haber sacado la UIA contra irracionalidades repetidas como la fabricación de la nada electrónica en Tierra del Fuego? Si se quieren políticas activas, hay que tener la valentía de limitarlas.La Unión Industrial de Córdoba (UIC) fue más moderada. Y pareció celebrar, ante todo, que los gasoductos se hagan. A sus socios les sobran motivos: muchos metalúrgicos han renegado siempre con Techint, su proveedor dominante; y los agroindustriales han sido castigados eternos en una sociedad para la cual "industria" es sólo la manipulación de metales y sus derivados, mientras a ellos se los ve como subproductos de la oligarquía. Son el campo y la industria del interior sin gas, que lleva décadas financiando la utopía metalúrgica. Córdoba necesita gas para procesar sus proteínas (un tercio del total del país), sobre todo en el oeste y el norte alejados de los puertos. La UIC lo sabe. También lo sabe Santa Fe, que le está preguntando al Ministerio de Servicios Públicos de Córdoba cómo hacer lo mismo. Veremos cuánto oferta Techint si se hace. Alquilaremos balcones. El Estado A todo esto, el que zafa de críticas es el Estado. Van décadas de gobiernos que se hacen los proteccionistas, pero perpetúan déficit fiscal, inflación perenne, suicidio del crédito, infraestructura inexistente y energía cara. Fue la falta de crédito, el default , lo que forzó a entregarse a China. El chino no era el crédito más barato en la licitación cordobesa. Era el único. Y su único interés era financiar los caños, no importaba el costo, porque la burbuja China inflada en 20 años está dejando, se calcula, 500 mil personas sin trabajo sólo en el acero-carbón.Por eso, la protesta de Techint no es sólo un capricho. Se reproduce en todo el mundo. "El mes que viene salen embarques a Arabia y a Estados Unidos", cuenta Javier Martínez Álvarez, gerente general de Siderca, para probar su punto: el problema es el dumping chino, no la competitividad de Siderca.Al final, la pregunta: ¿se puede cambiar una licitación ya adjudicada para forzar un cambio de insumos que implicaría un costo extra en el total de la obra de 2,5 por ciento, sin espantar al financista, que es también el fabricante de los caños? Nadie la responde.

