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Tres certezas en la incertidumbre capitalina

Juez se las arregló para quedar en el centro de la escena. Riutort es la más preocupada por esa inesperada irrupción. Mestre sufre las consecuencias de ser parte de dos alianzas incompatibles entre sí.

12 de julio de 2015 a las 12:01 a. m.
Tres certezas en la incertidumbre capitalina

El domingo pasado, la alianza Juntos por Córdoba voló por los aires luego de perder por menos de lo esperado la Gobernación y de ganar en la ciudad de Córdoba por 6,6 puntos. Es difícil imaginar lo que hubiera pasado si radicales, macristas y juecistas perdían también la Capital. Y, mucho más, si ganaban la Provincia. Lo concreto es que las piezas todavía no terminaron de caer otra vez en el tablero capitalino: todo es incertidumbre y negociación por estas horas. La trama es a la vez tensa y desopilante, y logró sacar de la apatía a un electorado que parecía que este año no se iba a sorprender con nada. Las definiciones aún no llegan, pero de la confusión van asomando tres certezas. Protagonista inesperado. Luis Juez encontró la forma de quedar en el centro de la escena local. La nueva configuración política de la Capital no estará definida mientras él no resuelva si será un sorpresivo candidato a intendente –negó mil veces esa posibilidad semanas atrás– o si se mantendrá en los confortables límites del Senado. Es esa decisión de Juez la que definirá si en el radicalismo hay interna o hay fractura –si Juez es candidato, lo sería en una fórmula con Rodrigo de Loredo, rival de Ramón Mestre en la interna y yerno de Oscar Aguad– y también la que puede alterar de modo dramático las chances de Olga Riutort de disputarle la intendencia a Mestre. Riutort inscribirá en las próximas horas su alianza Fuerza de la Gente, conformada por dos sellos prestados: Es Posible (Rodríguez Saá) y Azul y Blanco (el partido de Francisco De Narváez). Lanzará su campaña mañana con una apuesta fuerte al tema seguridad y negociará con el juecismo hasta último momento. Nadie oculta la preocupación en ese espacio, que confía en las encuestas para retener al juecismo como socio.Los mestristas le temen al poder de daño de Juez, pero confían en que por duras que sean sus críticas, es más conveniente un Juez candidato –que le reste votos a Riutort– que una sociedad entre los dos principales adversarios. Matemática pura. Aliados incompatibles. La vocación aliancista de la UCR fue clara desde 2013. Lo definió el partido a nivel nacional y lo asimiló sin demoras el radicalismo cordobés. El aliado que impusieron las circunstancias fue el PRO, pero en Córdoba Luis Juez se les había anticipado con Mauricio Macri: Aguad lo aceptó y Mestre no logró que lo excluyeran. Tal como lo dijeron desde el vamos todos los accionistas de Juntos por Córdoba, esa sociedad no es posible en la Capital: no se trata sólo de la obvia enemistad personal entre Juez y Mestre sino de la incompatibilidad de esa relación con otra mucho más estable y más fructífera para el intendente: el tácito acuerdo con Unión por Córdoba, que desde antes de 2011 logró mantener bajo control al juecismo, y garantizó el poder provincial al delasotismo y la recuperación de la Capital para el radicalismo. Aguad no lo dice, pero lo hace decir: ese sector del radicalismo considera que Mestre en la última campaña priorizó esa alianza con el delasotismo a la de Juntos por Córdoba.Esas versiones están alimentadas por la fluida relación de Mestre con el gobernador, por vinculaciones empresarias comunes y por los "auxilios" silenciosos a las cuentas municipales, entre muchos otros gestos que los opositores a Mestre observan hasta en las cuestiones más corrientes. Ven la sombra de esa sociedad, además, en el inminente lanzamiento de otro candidato dispuesto a colaborar en la división del electorado opositor a Mestre. El intendente reduce todo esto a la "buena relación institucional" que los cordobeses le encomendaron, tras años de peleas entre el municipio y la Provincia. Ciudad lejana. El enredo que entretiene a los cordobeses ocurre con la Capital como escenario y el municipio como objetivo, pero nadie dice una palabra de la ciudad real donde viven los cordobeses. No se habla de sus problemas, y menos de su futuro. Lo que se observan son planes políticos en el mejor de los casos y, más a menudo, estrategias personales en busca de una banca de concejal. No se vislumbra en ningún momento y, hasta ahora, en ninguna fuerza, un proyecto de ciudad. Al menos un conjunto de ideas sobre lo que hay que cambiar para que la segunda ciudad del país pueda salir del círculo vicioso de gastar casi todo en sueldos y recolección de basura, y después endeudarse para tapar baches.