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Todo lo que vende un presidente

En su acalorado sermón de ayer, la Presidenta falló en exhibir, en algunos tramos, la coherencia y claridad discursiva que se le suelen atribuir. Adrián Simioni.

10 de febrero de 2011 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Todo lo que vende un presidente

En su acalorado sermón de ayer, la Presidenta falló en exhibir, en algunos tramos, la coherencia y claridad discursiva que se le suelen atribuir. Algunas frases son meros furcios, como cuando dijo: "En la etapa que me tocó hacerme cargo del país, el país en llamas, era como que todo el mundo se daba cuenta de que no podía hacer demasiadas olas". Obviamente, se refería a la asunción de Néstor Kirchner, cuando, por otra parte, Eduardo Duhalde ya había sacado las papas más calientes del fuego. Otro ejemplo trivial: "Si realmente la puja distributiva vía demanda salarial es una cuestión que se agrava, discutamos entonces sobre la rentabilidad de ganancias". Discutir sobre "rentabilidad de ganancias" sería algo así como debatir sobre la "fabricación de producción". Una historia para chicos. Pero otras son cuestiones conceptuales. El Gobierno se pone cada vez más nervioso con la inflación. Y, como no quiere reconocer las razones de política fiscal y monetaria que la motorizan –junto con otros factores como las expectativas o el alza mundial de las materias primas–, comienza a echar mano a las teorías conspirativas. Peligroso. Ya vimos la semana pasada cómo el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, empezó a intentar amordazar a consultoras que relevan precios, rozando varios derechos constitucionales al mismo tiempo. La Presidenta esbozó esa teoría, muy cultivada por el kirchnerismo. Según ella, hay una "inmensa dispersión, distorsión y aprovechamiento de la situación (...) Yo no vendo nada, no produzco tomates, no vendo autos, no produzco acero, ni cemento", dijo. Es indudable que los que remarcan son los que tienen algo para vender, incluidos los gremios que agrupan a empleados que "venden" su mano de obra.Lo del "aprovechamiento" alude a la codicia empresarial. Y aquí hay un problema. La teoría de que hay inflación porque empresarios angurrientos quieren quedarse con la plata de los demás no explica por qué no hay inflación cuando no hay inflación. ¿Los empresarios argentinos de épocas con precios estables eran menos codiciosos que los de hoy? ¿Los empresarios de otros países con menor inflación son menos codiciosos que los locales?Esa teoría no cierra. Los empresarios han sido, son y serán codiciosos, aquí y en la China. Ésa es su razón de ser. Sin embargo, no siempre y en todo lugar hay inflación.Como está equivocado en su enfoque –al menos en lo que expresa en público–, la frustración lleva al Gobierno por caminos de cornisa. "Más que una empresa, parece un partido político opositor", dijo Cristina Fernández sobre la petrolera Shell, como si las leyes no consagraran el derecho de cualquier persona, física o jurídica, a acudir a los tribunales si considera que un gobierno la perjudica o la discrimina. ¿Cuánto falta para que el Gobierno comience a acusar a cualquiera de conspiración? Alquileres y algo más. Volvamos a la frase "yo no vendo nada". Por empezar, Cristina Fernández sí vende cosas: servicios de alojamiento en el hotel que su familia tiene en El Calafate, cuyas tarifas están en dólares, y el derecho a habitar los 31 inmuebles que pertenecían a Néstor Kirchner y los cuatro que están a nombre de la Presidenta, por 5,2 millones de pesos al año, según la declaración jurada de 2007. No sabemos si esos alquileres han subido. Pero, además, en términos materiales y en tanto jefa del Gobierno, la Presidenta también "vende" muchas cosas: concede empleos públicos, brinda asistencia fiscal extraordinaria a ciertos gobernadores y subsidia innumerables servicios públicos.Por supuesto, no recibe dinero a cambio. Pero con eso consigue respaldo y votos, un patrimonio clave a la hora de competir en el mercado con otros políticos. Eso que ella "vende" está orientado a maximizar su beneficio político, así como una empresa busca maximizar sus ganancias.Sólo eso puede explicar que los servicios de cualquier transporte público de Capital Federal y Gran Buenos Aires cuesten la mitad de lo que cuestan en Córdoba, como si los cordobeses fueran el doble de ricos que los habitantes de ese conglomerado.La razón es muy sencilla: una protesta cerca de la Casa Rosada tiene más poder de daño que una en Villa El Libertador, y hay muchos más votos allí que acá. Y ése es apenas un ejemplo.¿A Cristina le suben los costos de los productos que "vende" a precios bajos a cambio de poder político así como suben los de las empresas por la inflación? Sí. Pero ella puede pavonearse ante sus "clientes" de que "no sube tarifas" porque hace lo que Shell no puede: seguir aplicando en forma cada vez más discrecional e inequitativa recursos que son de todos.Por eso, los subsidios que pagó el Estado en 2010 al transporte, la energía y las empresas públicas, entre otros, según un estudio de Ecolatina, fueron 37 por ciento superiores a los pagados en 2009, sin que nadie haya notado que haya más o mejores servicios. La "canasta de Cristina" subió un 37 por ciento, mucho más que la inflación más alta calculada por cualquiera. Sólo que los clientes beneficiados, en detrimento del resto, no lo notan.