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Tirar o no tirar del mantel

Moderar la inflación no es sólo para sindicatos y Estado. Impone desafíos a las empresas.

28 de enero de 2017 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Tirar o no tirar del mantel
Sturzenegger. El titular del Banco Central reclamó a las entidades dedicarse al ahorro y a la inversión. (DyN)

Esta semana comenzó una de las negociaciones decisivas que determinarán si la Argentina podrá o no controlar la inflación. El Ministerio de Trabajo de la Nación no homologó un acuerdo entre el sindicato de empleados bancarios y los bancos que reabrió la paritaria 2016 para compensar la pérdida de poder adquisitivo con un aumento de 19,5 por ciento “a cuenta de futuros aumentos” en 2017, a discutir, otra vez, en dos meses.

Los bancarios ya habían cerrado un aumento anual de 33 por ciento en abril. En la delirante anomia que impone la inflación, nadie tiene claro en qué medida ese 33 compensaba las subas de precios previas o anticipaba las que vendrían.

La acumulación de aumentos no cierra con la intención de bajar la inflación. De abril a abril, la suba acumulada, siguiendo con el ejemplo de los bancarios, sería un 58,9 por ciento. Y en abril próximo, se reabre la paritaria.

A todos nos quedó en la cabeza que la inflación anual 2016 fue 41 por ciento porque eso registró en Capital Federal la oficina estadística del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Pero, ante la falta de un cálculo nacional que este año el Indec no pudo hacer, estima la inflación en todo el país con ese número más los de Córdoba y San Luis. Le da 36,5 por ciento anual.

Si en 2017 se anualizaba la inflación del último trimestre de 2016 la inflación del año próximo sería 18,5. Si se anualiza la de diciembre, da 15,4 por ciento.

Desde el punto de vista del Gobierno, mantener este paso requiere moderación en las negociaciones salariales que se vienen. Planteó un horizonte de 20 por ciento. La Confederación General del Trabajo ya planteó su rechazo.

Parecidos y diferencias

El horizonte es parecido al que planteaban, casi siempre en forma más que reservada, Axel Kicillof y Cristina Fernández.

Con una diferencia: aquellos años la inflación no sólo ni siquiera se medía, sino que iba irremediablemente para arriba con un Banco Central que no paraba de imprimir para la billetera del Poder Ejecutivo.

El año pasado el BCRA le transfirió al Tesoro 159.997 millones de pesos, tres simbólicos millones menos de los que se había impuesto como tope. Y para 2017 acordó transferir 150 mil millones.

En términos reales será una reducción de 42,7 por ciento respecto de 2016. Ni el Indec ni el BCRA hacían su trabajo. Hoy lo hacen.

Moderar la inflación, algo que cualquier economía necesita, no para tener éxito, sino para empezar a hablar, no involucra sólo a los sindicatos o al Estado. Impone fuertes desafíos a las empresas.

El ejemplo de los bancos también sirve acá. En 2016 sus ganancias en pesos fueron 24 por ciento mayores a las de 2015. O sea que su rentabilidad, en términos reales, se redujo en aproximadamente un tercio.

Los expertos dicen que sus ganancias cayeron sobre todo en el último semestre, junto con la… inflación.

Es que los raquíticos bancos argentinos, que han vivido décadas en una economía que, por inflacionaria, de hecho prohíbe el ahorro en dinero al tener tasas de interés eternamente negativas, se refugiaron estos años en prácticamente un único negocio: tomar los depósitos de los sueldos, por los que retribuyen casi ninguna tasa de interés, y prestarlos a tasas algo menores que la inflación, pero altísimas respecto de la que pagan ellos por una caja de ahorro.

Con eso se financia la compra de zapatillas, aires acondicionados y, según el año, autos.

Es un negocio chico. Ningún país sale adelante con bancos dedicados sólo a eso y que no sirvan para el ahorro y la inversión. Lo remarcó esta semana el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger: un país como Chile tiene depósitos bancarios por el equivalente al 90 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB); Argentina, por el 7 por ciento.

Sin crecimiento

La inflación que garantiza el negocio sin ambiciones de financiar un jean en 12 cuotas en una sociedad pobre es la misma que garantiza que nadie ahorre y que el sistema en su conjunto no pueda crecer.

Como se ve, la baja de la inflación va achicando ganancias de los bancos y, si continúa, los va a obligar a dedicarse a otras cosas. No parece el mejor panorama para que puedan seguir aumentado sueldos en términos reales sin una mejora de productividad a cambio.

Gobierno, oposición, gremios, empresas, tienen que pensarlo bien: qué van a hacer desde marzo. Pueden acompañar el proceso o tirar del mantel.

Las implicancias políticas son mayúsculas. Esas decisiones no ponen en juego sólo si la desinflación abortará o florecerá. Pueden ser determinantes para las elecciones legislativas de octubre. E incluso las presidenciales de 2019.