Tengo miedo del encuentro con el pasado que vuelve
En el mismísimo lugar donde está la incomodísima fuente del perdón de la ex Plaza Vélez Sársfield, aún resuena el grito desgañitado de Eduardo Angeloz “no pasarán, no pasarán”. Roberto Battaglino.
En el mismísimo lugar donde está la incomodísima fuente del perdón de la ex Plaza Vélez Sársfield, aún resuena el grito desgañitado de Eduardo Angeloz "no pasarán, no pasarán". Estaba empezando la primavera de 1993; estaba terminando la primavera angelocista. El grito destemplado de Angeloz contra Domingo Felipe Cavallo, entonces hombre fuerte del gobierno de Carlos Menem, se iba a transformar en victoria en las urnas el primer domingo de octubre de aquel año (Nilo Neder representaba a Angeloz y Juan Schiaretti, a Cavallo) pero en una pavorosa derrota en los meses siguientes, en los que –con una provincia fundida– el gobernador debía cargar con el karma radical de no poder terminar los mandatos.Del "no pasarán" de Angeloz al "peleo por Córdoba" de José Manuel de la Sota (o "la democracia está en problemas" de Oscar González) tan sólo pasaron casi un par de décadas. "Que 20 años no es nada, que febril la mirada, errante en las sombras, te busca y te nombra", Canta Gardel. Y es un pedacito de historia argentina. En aquellos no tan lejanos 1990 lo que estaba en discusión era el esquema federal del país, vulnerado y vapuleado desde la formación misma de la Nación, letra muerta en la Constitución. Ningún gobierno lo respetó. Y las dictaduras fueron destruyendo salvajemente todos los esquemas institucionales, el federalismo entre ellos. La democracia, así como avanzó en la recuperación de muchas instituciones, todo lo que hizo fue acentuar el centralismo.Hasta llegar a 2003, cuando llegó al poder el gobernador que había hecho de la defensa de los intereses de las provincias y de su provincia la razón de su vida política. Cómo habrá defendido Néstor Kirchner a su Santa Cruz que se llevó el dinero de las regalías a Suiza (su cónyuge hoy quiere limitar hasta la compra de un pasaje para ir a Camboriú).Y así como había sido el más federal, Kirchner, primero, y su sucesora esposa después, fueron los más unitarios y centralistas. Con un largo esquema de decisiones políticas, tributarias y administrativas.Ahora bien, De la Sota y el peronismo de Córdoba lo sabían. Y así todo compartieron hasta ahora, con algunas idas y vueltas pero sin rupturas explícitas, el proyecto político. El avasallamiento al federalismo, denunciado ahora por el gobernador y los suyos, no comenzó hace un par de semanas. Lo que comenzó hace un par de semanas es la estrategia delasotista de mostrarse como potencial candidato presidencial.Y De la Sota sabe en lo que se ha metido. Por eso, ha renovado la orden de aumentar la recaudación. Sabe que vienen tiempos difíciles y ha ampliado el número de consultores y asesores en materia económica y financiera, que le acercan distintas ideas para hacer frente a las tan previsibles como condenables represalias del Gobierno nacional."Las nieves del tiempo" platearon su sien como se la platearon a Angeloz. Y, seguramente, no querrá el mismo final. Los cordobeses tampoco quieren escuchar a Gardel entonar: "Tengo miedo del encuentro con el pasado que vuelve...".

