Severo apareció maniatado y con golpes
El ex gerente de Ferrobaires debía declarar ayer por el crimen de Mariano Ferreyra, por el que está preso el sindicalista José Pedraza. Pero había desaparecido el miércoles.
Buenos Aires. La desaparición de Enrique Alfonso Severo, un testigo que debía declarar ayer en el juicio por el crimen de Mariano Ferreyra, desató una ola de preocupación política y social. Por suerte, esa situación pudo descomprimirse anoche cuando, pasadas las 22, se confirmó que el testigo había sido liberado con vida en una calle de la localidad bonaerense de Gerli. Según fuentes policiales, Severo fue bajado de un auto no identificado que siguió su marcha y fue socorrido por un vecino que cortó los precintos de plástico con los que se encontraba maniatado.Estaba sin zapatos y también tenía signos de haber sido golpeado. Llevaba algunos vendajes y lloraba, presa de los nervios, aunque luego, ya en un hospital, se confirmó que su estado de salud es bueno.Fabián, el vecino que lo asistió –un empleado de Diario Popular – contó que llamó tres veces al 911, que lo atendieron tres operadores distintos y que nunca llegaron los patrulleros que le prometieron.Entonces, Severo, que estaba consciente y lúcido, le dio números de teléfono pertenecientes a una remisería de su familia. A los 10 minutos llegaron familiares y, junto a ellos policías, en autos particulares y policiales, que luego lo trasladaron al hospital municipal de Avellaneda. Allí era sometido al cierre de esta edición a una serie de estudios médicos.Su hijo, Gastón Severo, hizo una muy breve declaración al salir del hospital. Según dijo, su padre alcanzó a contarle: "Me cruzaron una moto; fueron dos personas".Anoche, tres fiscales trataban de precisar las circunstancias de los hechos.Severo había desaparecido anteanoche de su casa y ayer se temía lo peor. Sobre todo cuando, por la tarde, fue hallado su auto Renault Clio, en la localidad en la que vive, Sarandí, con las puertas cerradas y las llaves puestas; también se encontró dinero y documentos, lo que daba a entender que el hombre no se había ido por propia voluntad.Enrique Alfonso Severo, de 50 años, fue gerente de la empresa Ferrobaires y debía declarar ayer en el juicio oral por el crimen de Ferreyra –militante del Partido Obrero– sobre los supuestos vínculos entre la dirección de la Unión Ferroviaria (UF) y la patota que atacó a manifestantes de izquierda el 20 de octubre de 2010. Por ese crimen está en prisión preventiva el sindicalista José Pedraza.En 2010, durante la instrucción, Severo había dibujado un croquis en el que revelaba cómo funcionaba la patota y explicó cómo se guardaban armas en talleres ferroviarios y se practicaba tiro. Esos datos se le iban a ratificar ayer.La desaparición de Severo (que durante los últimos tres días sufrió intimidaciones telefónicas) fue entonces denunciada por su familia: "Alguien lo secuestró", dijeron."Salió de casa, en Sarandí (Avellaneda), a eso de las once y media de la noche, para ir a 10 cuadras, a la casa de la madre de mi hijo. Llamó y dijo 'estoy yendo', pero nunca llegó", había asegurado por la mañana Gastón Severo."En ningún momento él se hubiera borrado, pongo las manos en el fuego por mi padre –dijo su hijo–. Estaba súper entusiasmado con ir a declarar hoy porque quería que se aclare todo esto. Él conoce desde el primero al último (de los ferroviarios) que aparecen en los videos en la estación Avellaneda cuando fue el crimen de Mariano Ferreyra. Sabe qué clase de personas son", había dicho el hijo del testigo.Severo hijo aseguró que "cuando fue el crimen él dio un par de notas, colaboró para un libro, y a nosotros nos tirotearon la casa, tuvimos amenazas y tuvimos seis meses un móvil (policial) en la puerta de mi casa", pero desde la semana pasada que recibió la citación a declarar vivió "tres días de llamadas telefónicas con amenazas".Antes de la reaparición de Severo, por la mañana, el ministro de Justicia de la Nación, Julio Alak, aseguró que el declarante no estaba incluido en un programa de protección de testigos porque ni los tribunales ni la víctima lo habían solicitado.Aclaró que "la ley expresamente prohíbe incluirlo" si no hay un pedido porque podría ser una violación de la intimidad. Alak se limitó a decir que esperaba que el caso "se resuelva felizmente, que Severo esté con vida". La ministra de Seguridad, Nilda Garré, recibió a los familiares.Horas antes de que Severo apareciera con vida, manifestantes de partidos de izquierda y organismos de derechos humanos se movilizaron en Buenos Aires y también en Córdoba (ver "En Córdoba" ).El Gobierno había ordenado a la mañana a todas las fuerzas de seguridad salir a buscarlo.En tanto, siguió adelante el juicio oral por el crimen de Ferreyra. Allí apareció César Andino, que participó de la protesta en la que murió Ferreyra, y reveló que el lunes había sido "apretado" por dos sujetos que le dijeron "piquetero de mierda, ni tu madre te va a reconocer, qué tenés que estar diciendo que viste una escopeta".
Resultados distintos
Enrique Alfonso Severo (foto). Debía declarar ayer en la causa por el crimen de Mariano Ferreyra. Tiene 50 años. Salió ante anoche a las 23 de su casa de Sarandí para visitar a su nieto. Nunca llegó. Ayer se encontró su auto, en Sarandí, cerrado y con las llaves puestas en el contacto.
Pasadas las 22.30, apareció en circunstancias no conocidas en detalle, en Avellaneda.
Jorge Julio López. Desapareció el 18 de octubre de 2006, tras declarar como testigo en la causa contra Miguel Etchecolatz, director de Investigaciones de la Provincia de Buenos Aires durante la dictadura militar.
El entonces presidente Néstor Kirchner dijo en su momento estar seguro de que su desaparición obedecía a la acción de grupos vinculados con la dictadura en represalia por sus declaraciones. Sin embargo, ni durante su gobierno ni durante el actual el Estado logró avanzar en encontrar a Julio López.

