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Se “derrumba” y, mientras tanto, se les ve todo

La denuncia del fallecido fiscal Alberto Nisman ha sido descalificada por el Gobierno de mil modos, empezando por Cristina Fernández, para quien la acusación en su contra por idear y ejecutar un plan para garantizar impunidad a los sospechosos iraníes por la voladura de la Amia “se derrumba”.

24 de enero de 2015 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Se “derrumba” y, mientras tanto, se les ve todo

La denuncia del fallecido fiscal Alberto Nisman ha sido descalificada por el Gobierno de mil modos, empezando por Cristina Fernández, para quien la acusación en su contra por idear y ejecutar un plan para garantizar impunidad a los sospechosos iraníes por la voladura de la Amia "se derrumba". Es muy posible que sea así. Que las escuchas y las pruebas póstumas de Nisman sean consideradas insuficientes por el juez Ariel Lijo. O que los hechos o algunos hechos denunciados, incluso comprobados, no encuadren en delito alguno.Sin embargo, no sólo hay verdades jurídicas. Hay verdades que se construyen hacia dentro de la sociedad. Otras, son construidas por otros países, que no necesitan un fallo para calificar a un Estado.Algo de esto es lo que sucede. Desde que Nisman fue hallado muerto: El secretario de Inteligencia, Oscar Parrilli, negó que los agentes de inteligencia acusados por Nisman –Raúl Allan Bogado y Héctor Yrimia– hayan tenido alguna vez algo que ver con los servicios secretos. Pero un día después, otro acusado, el jefe de Quebracho, Fernando Esteche, contó que conoció a Bogado en la Rosada, donde se lo presentaron como funcionario de la Jefatura de Gabinete.De paso, Esteche dejó expuesto que se reunía con el kirchnerismo para conversar sobre una denuncia penal en su contra. Qué bonito, ¿no? Aníbal Fernández calificó a los involucrados no funcionarios como "vendedores de influencia, chantas", de los cuales el Gobierno no puede hacerse responsable. Es cierto. Pero resulta que, ayer, el nuevo paquete de escuchas dejó a la luz que tanto Luis D'Elía como Jorge Khalil, a menos que deliren, oficiaron como nexos entre la Embajada de Irán y la Casa Rosada. Han ido y venido entre los dos países. En el caso de D'Elía, intercalaba esos viajes con los que hacía en el avión presidencial y telefonazos con un tal "Parrilli", que no debe de ser el sobrenombre de algún conmilitante parecido al funcionario.El expiquetero aparece obedeciendo órdenes de Khalil para "transmitir por debajo" a la Rosada cosas que su interlocutor le explicaría "bien". Y a la inversa, le dice a Khalil que tiene mensajes "urgentes" del Gobierno argentino para la Embajada de Irán. Algunos desvíos del Gobierno son simpáticos. Dicen que, como el comercio con Irán no creció y las alertas de Interpol no se cayeron, entonces nunca hubo delito. Una abogada exitosa debería saber que existe el grado de tentativa. De hecho, en las escuchas los autoevidenciados diplomáticos paralelos D'Elía y Khalil exponen la "desazón" iraní por el incumplimiento de un compromiso, que dan por sentado, de promover las bajas de los pedidos de captura. Capaz que la denuncia no llegue a nada. Pero hace un ruido enorme. No en vano el Gobierno se puso loco y el PJ exigió anteayer un deliro: el derecho a rotular como "razonable" una denuncia antes de que cualquiera pueda presentarla.