Rey en el Palacio, villano en la ciudad
Líder gremial atípico y negociador implacable, Daniele pudo con todos los intendentes que tuvo al frente. A Kammerath no logró torcerle el brazo, pero el Suoem no le dio un día de tregua y casi lo echa del municipio.
El edificio municipal no tiene nada de palaciego. Pero se llama Palacio 6 de Julio y tiene rey: Rubén Daniele, monarca del Suoem. El gremio que conduce desde hace 30 años –y que liderará hasta fin de 2017– amplió a tal punto su dominio que por momentos parece más importante que el millón y medio de cordobeses que esperan fuera del Palacio.
Desde 1984, Daniele es amo de lo que acontece en cada dependencia, gerente de la partida más importante del presupuesto, señor de las asambleas y soberano de los sueldos altos (más el refrigerio, las prolongaciones, las bonificaciones y las horas extras).
En las filas municipales no lo critican ni siquiera sus adversarios. Pero –él lo admite– suelen insultarlo por la calle: esa dualidad resume los 30 años de conducción de Daniele. Creó un gremio poderosísimo, que se adueñó de la tajada principal de los recursos, se volvió casi autónomo en materia de controles y muy a menudo practica un maltrato descarnado hacia la población a la que debería servir. Más allá de los modos de los empleados municipales, está el fondo de la cuestión: ese esquema que el Suoem de Daniele logró imponer gestión tras gestión sólo puede sostenerse en base a la constante desinversión en obras viales, en alumbrado, en cloacas y en cada una de las cosas que es responsabilidad municipal.Afable en el trato, humilde en su estilo de vida, incuestionado como administrador del gremio, dueño de una picardía y una inteligencia que no se dan ventaja y economista solvente en el manejo de los números municipales, Daniele tarda minutos en romper barreras y en tomar el dominio de las negociaciones: pudo con todos y cada uno de los intendentes que tuvo enfrente, y al único que no logró imponerle sus condiciones no lo dejó gobernar y casi lo echa. Ese fue Germán Kammerath: su gestión padeció sabotajes permanentes, fue denunciada hasta el hartazgo por el gremio y debió enfrentar una revocatoria de mandato también promovida por el Suoem. En algunos períodos, fue virtualmente expulsado del Palacio por las bombas y gobernó desde el Botánico.Luis Juez compensó con creces todo lo que había retaceado Kammerath. Desde 2004, Daniele se proclamó juecista y kirchnerista, y la ecuación económica tendió a volverse insostenible: la partida salarial llegó a consumir el 73 por ciento de los ingresos municipales a poco de terminada la gestión Juez. Después de Kammerath, nadie quiso enfrentarse al Suoem. Desde entonces, además, todo se negocia con el gremio, todo el tiempo. Se sabe que el consenso con el Suoem cuesta caro y debe practicarse repartición por repartición, entre cada funcionario y cada delegado, todo bajo la coordinación general de Daniele. Si en el fragor de la lucha hay excesos, es porque al líder "lo desbordaron las bases". Si el Suoem logra lo que busca, no hay denuncias a los políticos ni cuestionamientos a la gestión. En los últimos años, Daniele ni siquiera opina sobre Ramón Mestre, y los sueldos de los municipales no paran de crecer. La suerte de la ciudad, se sabe, corre por otro carril con baches, poca luz, líquidos cloacales que fluyen e impuestos cada vez más caros.

