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Renuncia a los honores

¿Por qué razón acataría ese colectivo político, que sigue de fiesta mientras el país se achica, el pedido presidencial de no ser nominada para una nueva postulación?

15 de diciembre de 2014 a las 12:02 a. m.
Renuncia a los honores

Cristina pidió que no la nominen para ninguna candidatura en 2015. Pero no dijo que la rechazaría si su sector político la desobedece.

La Presidenta abrió el año electoral en su acto bajo paraguas del sábado, durante el cual festejó siete años de mandato.

Por momentos, cuando criticó a los políticos que sólo proponen un color, aludió al naranja de Scioli, al rojo de Massa o al amarillo de Macri.Pero se guardó para el final la más importante de las definiciones: la referencia a su propia situación electoral.Se trata de un mecanismo tan habitual en Cristina como en el manual clásico de todos los populismos: disfrazar de renunciamiento el núcleo de la ambición. Ya lo hizo alguna vez en la universidad de Harvard, cuando le preguntaron sobre sus aspiraciones a la re-reelección."No se trata de lo que yo quiero, sino de lo que yo puedo o debo", explicó entonces. "No depende de mí", concluyó.La historia posterior es bastante conocida. Sólo una masiva reacción en las calles pudo detener luego la presión del oficialismo para reformar la Constitución. Clamor Ahora lanza, hacia la plaza que la ovaciona bajo la lluvia, la misma fórmula. No puede aspirar otra vez a la Presidencia, pero se cocina esta semana una ley para elegir parlamentarios del Mercosur y permanece vigente la posibilidad de una postulación al Congreso de la Nación. La diferencia entre una y otra candidatura estriba en el alcance de los fueros que la defiendan de los graves entuertos judiciales en los que se ha metido en su doble condición de funcionaria pública y empresaria hotelera.A su lado, asiente con desesperación Amado Boudou: el vicepresidente que pasará a la historia como el primero en ser acusado en juicio oral. Un ejemplar de ética pública que no superó ni la prueba de un formulario 08.La fórmula presidencial agoniza en los expedientes, pero todavía tiene una plaza de seguidores. Quien engaña –solían sentenciar los maestros del realismo político– encontrará siempre quien se deje engañar.El núcleo duro de seguidores del Gobierno, que los gurúes estiman en las encuestas cercano a un 25 por ciento del electorado, tiene muy sólidas razones para creer lo que fuere menester. Administra todas y cada una de las cajas del presupuesto público. Está conformado por cada uno de los destinatarios auténticos de esa novedosa redistribución del ingreso que, según la jefa del Estado, vino a instaurarse en mayo de 2003.La década ha sido generosa con ellos. Su economía personal sigue próspera, inatacada por la recesión. Sus ingresos se ajustan con índices tan informales y elásticos que el aumento generalizado de los precios no les eroga preocupación alguna. En sus territorios de confortable burocracia, por lo tanto, el cohecho bien puede ser virtud revolucionaria; la objeción, infamia de sicarios mediáticos, y todo requerimiento judicial, una lisa yllana persecución. ¿Por qué razón acataría entonces ese colectivo político, que sigue de fiesta mientras el país se achica, el pedido presidencial de no ser nominada para una nueva postulación, aunque ya no tan luminosa? Si el operativo clamor funciona, ese kirchnerismo hoy sin sosiego habrá asegurado para su líder un principio de impunidad y para sí mismo un espacio sustancial de permanencia y negociación con el futuro gobierno.Por lo demás, el renunciamiento ha sonado tan frágil e inconsecuente como en todas las oportunidades anteriores. Por ahora, Cristina renuncia a los honores, no a los fueros. No habrá de enojarse entonces ante la osada desobediencia de quienes quieran nominarla.La jugada de Cristina, cuando creyó despejado el fin de año de estallidos y saqueos, ha venido combinada además con una definición adicional. Buena parte del escenario político esperaba la llegada de enero para que, coagulada la condición pari passu del conflicto con los fondos buitre, apareciera la posibilidad de una solución acordada para la deuda en default . El ministro Axel Kicillof lo descartó ayer. Dos condiciones De modo que el kirchnerismo acaba de ratificar a quienes van a desplazarlo, desde dentro o desde fuera de su estructura, dos circunstancias centrales de la sucesión: impunidad para la banda en fuga y una herencia económica al borde de la explosión. Son las condiciones de retirada que exige y ofrece, atrincherado en su 25 por ciento. Fragmentados, los tres cuartos restantes se preparan para opinar. El próximo 10 de diciembre, otro presidente le hablará al país.