Prueba de fuego para el aparato asistencialista K
En algún momento, si la crisis derivada del ajuste económico se profundiza, la Argentina tendrá que preguntarse cómo y con qué saldrá a socorrer a los heridos.
En algún momento, si la crisis derivada del ajuste económico se profundiza, la Argentina tendrá que preguntarse cómo y con qué saldrá a socorrer a los heridos, a los sectores sociales que queden más golpeados. El gasto social del Estado nacional nunca dejó de subir en esta década, hasta llegar a la voluminosa cifra de 449.251 millones de pesos en 2013, según publicó ayer la Asociación Argentina de Presupuesto (Asap).De ese monto, 30 mil millones fueron a las universidades y a Ciencia y Técnica y 209 mil millones fueron al pago de servicios previsionales. El resto, nada menos que 210 mil millones de pesos, se gastó en una miríada de programas, planes y subplanes de promoción social, dependientes, sobre todo, de Anses y los ministerios de Desarrollo Social, Trabajo, Salud e Infraestructura. Stop Hay que detenerse en esos 210 mil millones de pesos. Primero, equivalen a todo lo que gasta el sistema previsional, que en Argentina y en cualquier país del mundo es la mayor erogación de todas, por lejos. Al punto que a veces se torna impagable. 210 mil millones de pesos equivalen a lo que gastaron en total el año pasado 5,8 provincias como Córdoba. No crean que la Asignación Universal por Hijo explica todo: se llevó apenas 15.800 millones, el 7,5 por ciento de los 210 mil millones.Es muy difícil que, alguna vez, Argentina vaya a disponer de una magnitud semejante de recursos para destinar a la asistencia social. La inflación generada por un Estado que terminó financiándose con la impresión de dinero, cuando ya no pudo extraerle más impuestos (o cualquiera de sus variantes) al sector privado, es una señal de que se tocó el límite. $ 7.200 por hogar pobre Luego de 10 años de cimentación de políticas sociales bajo un criterio que se supone homogéneo (las ejecutó el mismo gobierno) y con tanto dinero, uno debería esperar resultados espléndidos. Pero no están a la vista. Mediciones de pobreza e indigencia ya sabemos que no tenemos, por el hecho de que el Gobierno mintió la inflación varios años, hasta enero, mes para el cual no ha dado una nueva estimación de aquellos indicadores.Quedémonos con un dato del Centro de Estudios e Investigaciones Laborales, dependiente del Conicet, según el cual 2010 terminó con una pobreza de 22,6 por ciento de la población. Es difícil que desde 2011, cuando las cosas comenzaron a desbarrancarse, eso haya mejorado. Supongamos que la pobreza afecta hoy al 20 por ciento de los hogares. Son 2,43 millones de hogares, según Indec. O sea: 210 mil millones significan contar con 7.200 pesos por mes para cada hogar pobre. ¿No alcanzaron?Es difícil saber qué funciona mal. Tampoco hay mucha discusión. De estos temas sólo hablan, en general, los profesionales que diseñan y ejecutan estas mismas políticas. Es decir, reciben sus ingresos del propio sistema. La autojustificación tiende a ganarle a la autocrítica. Yo articulo, tú articulas Sin embargo, algo debe estar fallando. Basta mirar ese reino del verbo "articular" que es el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación para encontrar una telaraña de al menos 50 "líneas de acción", programas, planes y proyectos cuyos resultados son desconocidos. Aun así, en las gacetillas aparecen cosas como las iniciativas "Todos podemos salvar una vida" o "Sacá tarjeta roja al maltratador", que no están en los listados. Desarrollo Social ha montado en 10 años una densa red inmobiliaria de 773 centros de Integración Comunitaria (CIC), centros de Asistencia Local (CAL) y centros de Referencia (CDR), los que deben haber costado una fortuna y motorizado mucho la construcción, pero de cuyo impacto social no hay demasiado registro. En Villa de Soto, con apenas 9.600 habitantes censados en 2010, hay dos CIC, según el Ministerio.Más plata no va a haber. Y la coyuntura parece empeorar. Tal vez haya que pensar en cambiar algo.

