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Primarias, entre avances y trampas del poder

Con las Paso, Kirchner planificó la consolidación de su hegemonía K en el PJ. Logró concretarla fragmentación opositora.

14 de abril de 2013 a las 12:02 a. m.
Redacción La Voz
Primarias, entre avances y trampas del poder
Debut. Las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias debutaron en la presidencial de 2011 (Ramiro Pereyra/Archivo).

La reforma electoral que instaló el sistema de elecciones primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (Paso) fue sancionada a fines de 2009, impulsada por Néstor Kirchner tras la derrota que sufrió ese año a manos del también peronista Francisco De Narváez, como candidato a diputado nacional por la provincia de Buenos Aires.

Derrotado en la elección general por otro peronista, el fallecido expresidente ideó (junto con el actual jefe de Gabinete nacional Juan Manuel Abal Medina) un mecanismo que evitara dirimir la interna del PJ en la elección general, como había ocurrido desde 2003.

Instalado en el comando del PJ de la provincia de Buenos Aires, Kirchner dominó el Congreso de ese partido y desde allí fijó la política de alianzas a nivel nacional, obligando a los compañeros disidentes a en­frentarlo en inferioridad de ­condiciones en la interna abierta o a usar otros sellos partidarios marginales si deciden ir “por fuera”.

Apoyos. El sistema electoral en cuestión, que será aplicado en agosto próximo para elegir listas de candidatos a legisladores nacionales, fue apoyado por la UCR y por otros partidos de la oposición, y presentado a la sociedad como "un paso adelante".

Esto, porque eliminaba las internas partidarias históricamente amañadas por el funcionamiento de los aparatos y de sus caciques políticos. El avance, en ese aspecto, es efectivo y comprobable.

La reforma también fue bienvenida por muchos partidos porque aseguró financiamiento público (dinero contante y sonante) y espacios en los medios de comunicación para que todos los anotados puedan hacer ­campaña.

Como suele hacer el kirchnerismo, que con proyectos normativos beneficiosos también instala otros más discutidos, las primarias fueron parte de un paquete cerrado que incluyó otra medida positiva: la eliminación definitiva de las listas colectoras (sumatorias).

Este mecanismo permitía 
a los candidatos de peso postularse por distintos partidos, y 
a ilustres desconocidos llegar 
a cargos legislativos gracias 
a la confusión que el aluvión 
de boletas electorales en el ­cuarto oscuro provocaba en los votantes.

Pero, en el actual contexto electoral argentino, con un partido dominante (el PJ) y mucha dispersión en la oposición, las Paso no hicieron otra cosa que consolidar el statu quo, al gusto y placer del poder central.

A cuatro años de instaladas, y a punto de ser utilizadas por segunda vez en una elección nacional, se hace evidente que con las elecciones primarias Néstor Kirchner planificó la consolidación de su hegemonía (y la de Cristina) en el PJ, y la de este partido político en el plano nacional; logró fragmentar la oposición interna y externa, dificultar e impedir el armado de alianzas o de frentes electorales no oficialistas y, en las elecciones presidenciales, diluir anticipadamente la posibilidad de una derrota kirchnerista en un eventual balotaje.

Con esta lectura coinciden los dirigentes políticos que participan en la definición de las estrategias electorales del de­lasotismo, del juecismo y de 
la UCR.

Dispersar la oposición. Como explicó un reconocido estratega electoral cordobés, "en principio no es malo el sistema de Primarias, pero tiene un déficit deliberado que radica en la imposibilidad de que se formen nuevos frentes o alianzas entre el turno 'primario' de agosto y el 'general' de octubre".

Esto es así, porque todo aquel que aspira a ser elegido para un cargo (este año se vota para senadores y diputados nacionales, y en Córdoba sólo para estos últimos), debe participar sí o sí de las primarias y obtener en ellas un piso de votos.

Si no lo hace, no podrá par­ticipar de las generales, y si pierde en la primaria legisla­tiva, dependiendo de lo que establezca la carta orgánica de cada a­grupación política, es muy probable que ni siquiera pueda entrar a formar parte de la lista definitiva de su partido que encabezará el precandidato que ganó la interna.

Y tampoco podrá presentarse con otro sello partidario o en una lista surgida de una alianza distinta.

En los turnos presidenciales el efecto es aún más limitante, porque el precandidato presidencial que pierde en la primaria no puede sumarse luego como postulante a vicepresidente de la fórmula de quien triunfó; y menos aún conformar una alianza con otro sello partidario que ponga en riesgo la victoria definitiva de la fórmula que más votos sacó.

El efecto, como señaló un experimentado dirigente local, es que “quien gana las Paso, como ocurrió en última elección presidencial, queda sumamente consolidado para la general”.

En pocas palabras

Lo positivo

Ponen coto a las internas partidarias "cerradas" que muchas veces arrojaban resultados amañados por el funcionamiento de los aparatos manejados por el oficialismo de cada agrupación.

Tienden a equiparar las posibilidades de difusión de las propuestas de todos los partidos y candidatos asegurando fondos públicos y espacios publicitarios pagados por el Estado nacional para las campañas.

Eliminaron las listas colectoras o sumatorias que sembraban confusión.

Lo negativo

Consolidan el statu quo que favorece al Gobierno de turno. El PJ se acomoda como el partido del poder.

En el PJ, obliga a los peronistas disidentes a usar sellos partidarios poco conocidos si evitan competir con el kirchnerismo.

Dispersa a los opositores de los distintos partidos: los dirigentes de un mismo partido que compiten entre ellos en las primarias no pueden luego unirse tras las primarias.

Constituyen un filtro que obstaculiza la creación de alianzas o frentes que pongan en riesgo la hegemonía del oficialismo.