Peleados con Uruguay y divididos en casa
La política y la diplomacia fracasaron de modo rotundo en la intención de encarrilar el diferendo bilateral entre Uruguay y Argentina. Carlos Paillet.
La política y la diplomacia fracasaron de modo rotundo en la intención de encarrilar el diferendo bilateral entre Uruguay y Argentina, por una pastera que, desde su puesta en marcha, ha producido millones de toneladas de pasta de celulosa para exportación. No hubo protesta ni negociación que valga para poner freno a esas chimeneas que largan mucho humo y despiden mal olor.
En el medio de este escenario, el pueblo de Gualeguaychú termina maltrecho por una protesta larga y extenuante; y dividido entre quienes querían extender la lucha sobre la ruta y los que optaron poner fin a esa modalidad de acción.
Los gobiernos de ambas orillas del río de la Plata se enfrascaron en negociaciones inútiles para tratar de disciplinar el conflicto, inclusive con algunos papelones resonantes, como aquella invitación a mediar dirigida al rey Juan Carlos de España. El monarca terminó enredado en las peleas de comité que ventilaban en público los ahora ex presidentes Néstor Kirchner y Tabaré Vázquez.
Hoy, olvidados aquellos derrapes, en Gualeguaychú han quedado las secuelas de una lucha que terminó con una veintena de dirigentes azorados por las demandas civiles y penales planteadas por el Gobierno; y la vecindad dividida.
Pero los desencuentros no son sólo de entrecasa. También ha quedado dañada la relación con los vecinos de Fray Bentos, una comunidad tranquila que se ganó la enemistad con sus pares de Gualeguaychú por ser destinatarios involuntarios de una fábrica sospechada de contaminar el medio ambiente.
"Va a costar un buen tiempo restablecer las relaciones entre nosotros y con nuestros hermanos de Fray Bentos", admitía ayer el asambleísta Roberto Marchesini.
Otras consecuencias de una protesta desmesurada quedaron expuestas ayer: los exponentes más duros del piquete de Arroyo Verde mostraban gestos de desahogo, más allá de la amenaza de volver a colocar la valla si no se cumple con el monitoreo.
Un aspecto que tiene que ver con el desgaste de los asambleístas radica en que ya no manifiestan de manera enfática aquella vieja fórmula del "desmantelamiento" o la "relocalización" de la ex Botnia. Si bien estas demandas aparecen en algún párrafo del folleto difundido ayer, la suerte parece echada al monitoreo. Al poner ellos mismos esas condiciones para bajarse de la ruta, cabe el interrogante: ¿qué harán si los estudios técnicos determinan que el nivel contaminante de la planta es mínimo? ¿O si, como dijo el Tribunal de Justicia de La Haya, directamente no se ha probado tal contaminación?
Quedan 60 días para conocer el próximo capítulo de esta historia.

