¿Pelea verdadera o afirmación del bipartidismo?
De la Sota y Mestre protagonizan por estos días lo que parece una fuerte disputa por fondos coparticipables. También puede ser una estrategia política para galvanizarse como los dueños del poder.
Con su decisión de eyectar a Luis Juez de la Fiscalía Anticorrupción de la provincia, el 10 de octubre de 2002, el gobernador José Manuel de la Sota –en ese entonces en uso de licencia– dio un impulso para que el entonces dirigente peronista se convirtiera en un fenómeno de la política doméstica, que vino a arrinconar al bipartidismo que el PJ y la UCR protagonizaban desde 1983. Lo que vino después es conocido. El juecismo le disputó el poder al peronismo en 2007 y 2011, relegando al radicalismo como tercera fuerza provincial.Los últimos comicios municipales en la Capital, de hace dos años, y los legislativos del 27 de octubre pasado marcaron un drástico retroceso electoral del Frente Cívico por la ausencia de Juez en las listas. Quedó claro que el exintendente no logró construir un partido político, sino un liderazgo personalista.Un análisis simplista diría que el bipartidismo reverdeció con fuerza, con la mira puesta en la pulseada por el poder provincial en 2015.No es algo de lo cual esté convencido De la Sota. Junto a su asesor de confianza, Heriberto Muraro (dicen que es el consultor que más conoce el escenario político cordobés), al gobernador lo inquieta un dato que dejaron las urnas: más allá de la sólida estructura del PJ y la UCR, en el pronunciamiento de la mitad de los cordobeses se percibe un fuerte impulso de cambio.Sin Juez como candidato, en octubre esa mitad del electorado se dispersó en cuatro fuerzas: el kirchnerismo, el macrismo (PRO), la izquierda (FIT) y Olga Riutort. Fue un escenario triunfal para el PJ en la provincia y la UCR en la Capital. Aunque con cosechas raquíticas de votos para ambos oficialismos.En este contexto, sorprendió el duro enfrentamiento entre De la Sota y el intendente Ramón Mestre por el tema del reparto de la coparticipación, inclusive con amenazas de llegar a la Justicia por parte del municipio. Algunos observadores políticos –incluso oficialistas– ven en esta escalada de pelea un intento del gobernador por posicionarse él y al propio Mestre como los protagonistas por la puja del poder que se avecina para 2015.Se sabe que De la Sota tiene aspiraciones presidenciales, que por ahora la realidad marca que son de escasa concreción. Qué hará si su anhelo de llegar a la Rosada se termina, es algo que hoy no sabe ni el propio gobernador.No obstante, De la Sota tiene algunas cosas claras: si decide alejarse de Córdoba, hará todo lo posible para que su partido siga gobernando. En el caso de que el PJ no gane los próximos comicios provinciales (los sondeos de opinión marcan cierto "cansancio social" de los cordobeses luego de 14 años en el poder del PJ, que serán 16 en 2015), el gobernador, seguramente, preferiría calzarle la banda a un dirigente radical. No quiere ni pensar en coronar a alguien que sea elegido con el respaldo de ese hoy disperso horizonte de ciudadanos distanciados de los dos partidos tradicionales.Ni qué hablar de que sea Juez quien pueda volver a cautivar a ese voto que rechaza el bipartidismo.En una charla privada, un encumbrado dirigente peronista abonó la preocupación del oficialismo: "Falta mucho para 2015. Nadie puede hoy decir que tiene la vaca atada. El voto fue muy disperso en Córdoba en las legislativas. Sería una equivocación considerar que Juez está muerto. Pese a sus errores, aun mide bien en las encuestas y la política es tan cambiante que todo puede pasar. Si no, miren lo que pasó con (Elisa) Carrió".En este escenario cambiante, la repentina furia entre De la Sota y Mestre podría tener motivaciones políticas, además de las financieras: fortalecer sus liderazgos tratando de eclipsar el resurgimiento de una tercera opción. No se trata de un pacto explícito; más bien la conveniencia mutua de pararse en el centro de la escena provincial, mirando a 2015.

